33 familias buscan el sol después de la lluvia Durante dos años, la inundación terminó con toda la producción agrícola de 40 familias de la comunidad de Villa Victoria. Hoy quieren asegurar su futuro en tierras altas benianas.
Carlos Arancibia y sus vecinos colocan palmeras en el techo de la que será su casa.
Pequeñas gotas de sudor bañan la frente de Pacífico Peña mientras su brazo derecho sostiene el motor que convierte en pequeños trozos el tronco de un árbol gigante. En casi cuatro meses, su figura diminuta aprende a mimetizarse con el bosque para ganar un espacio donde establecerá su hogar y el de otras 32 familias que huyen de la furia del agua que acabó, durante dos años consecutivos, con toda su producción agrícola. El ruido del motor se confunde con los chillidos de los monos voladores y la risa de los niños, quienes, junto a los adolescentes, se encargan de amontonar los escombros vegetales para luego formar una hoguera y habilitar el espacio para cultivar plátanos, cacao, maíz, arroz, soya y otros productos que alimentarán a las 33 familias que migraron desde el municipio beniano de Trinidad al territorio municipal de San Javier. Metros más allá, las hierbas silvestres enredadas entre sí se doblegan ante el machete de Javier Darío Raymond, que al igual que sus compañeros, limpia el terreno desde la madrugada tratando de no lastimar a los animales del bosque, los que espantados se adentran más y, de lejos, observan a los extraños arrimados de los árboles o sacando la cabeza de los pequeños charcos. Cuando el sol se posiciona del centro del cielo azul, el grupo de las mujeres saca de pequeños recipientes el arroz, yuca y, si hay suerte, pescado o carne para alimentar a todos. Sentados sobre los troncos de los árboles caídos o en el suelo lleno de hojas secas, los hombres aprovechan para descansar después de seis horas de trabajo continuo. Ya llegó la hora de alimentarse. En menos de 15 minutos, los platos quedan vacíos y olvidados, momentáneamente en un rincón. Mientras, hombres y mujeres evalúan el trabajo realizado y el tiempo que aún tardarán en limpiar 33 hectáreas de terreno. De a poco, todos vuelven a su trabajo inicial y se detienen cuando el sol empieza a languidecer. Cargando machetes, palas, picos, ollas y otras pertenencias, la gente emprende el regreso a la comunidad Eduardo Abaroa, distante a dos horas de caminata. Construir un nuevo hogar Ya casi de noche, el ladrido de los perros, el cacareo de las gallinas y mugido de alguna vaquilla reciben a los miembros de las 33 familias. Donde antes se imponían los frondosos árboles, hoy se levantan pequeños toldos de plástico. En su interior apenas se tiene lo necesario para vivir. Los Peña, Noza, Arancibia, Justiniano, Yujo, Temo, Vaca, Tamo, Durán, Arteaga, Chávez, Arancibia, Rodríguez, Nolvani, Jiménez, Ayala, Daza y otros más vivieron de 30 a cinco años en la comunidad trinitaria de Villa Victoria, pero este año decidieron dejar atrás su pasado para empezar una nueva travesía en otro municipio. “Éramos 40 familias, pero por dos años seguidos perdimos todo, el agua enterró nuestros cultivos en enero y nos dejó paraditos, sin nada. Yo estoy vieja, pero no voy a dejar que las inundaciones me afecten, voy a seguir adelante”, afirma la viuda Castulia Jiménez Noza, mientras alimenta a sus gallinas y pollitos. Antes de llegar a su nuevo hogar, doña Castulia y las 39 familias de Villa Victoria fueron albergadas en el campamento Bolivia Solidaria de Chetequije, en la ciudad de Trinidad. El 17 de abril, luego de que su líder, Pacífico Peña, obtuvo el permiso de las autoridades del municipio beniano de San Javier y la entrega de 3.000 hectáreas de terreno con los derechos sociales y de uso colectivo, dejaron la capital de Beni y se instalaron en tierras altas, lejos de zonas proclives a inundaciones. “Sin embargo, no toda la gente de Villa Victoria se trasladó a Eduardo Abaroa. Después de que el agua bajó y vieron que todo estaba seco, pero perdido, otras familias volvieron al lugar y no entendieron que con las lluvias perderán todo de nuevo. Nosotros ya no queremos ser una carga para el Estado, por eso buscamos tierras altas”, afirma Pacífico que, luciendo una camiseta con los colores de la selección argentina, bebe de un vaso el agua que han extraído del subsuelo con una bomba de agua. La ayuda es poca, pero llega Aunque durante la tragedia se recibió el compromiso de apoyo de instituciones, municipios y Prefectura, a la fecha la única ayuda visible y que se ejecuta en Beni es la de la organización Visión Mundial, que además de socorrer a las familias damnificadas durante las inundaciones, hoy se encarga de la rehabilitación y reconstrucción de las comunidades. Después de la emergencia, los funcionarios de Visión Mundial en Beni ayudaron a ubicar terrenos altos y entregó a las familias material agrícola, algo de semillas y animales de corral para su subsistencia y la reactivación de la producción en el área. Al margen de esta ONG, ni la Alcaldía de Trinidad, ni la de San Javier o la Prefectura del departamento han apoyado el emprendimiento de estas 33 familias. Ante la falta de recursos ya existe una deuda de cinco mil dólares con los menonitas del lugar, quienes les alquilaron el tractor para abrir el camino al área que se destinará para las plantaciones. “Nuestro compromiso es que en cuanto tengamos la primera cosecha y la vendamos al mercado pagaremos la deuda”, promete Pacífico Peña y la afirmación es apoyada por todas las familias. Los rayos de luna brillan en los toldos de plástico. En el campamento reina el silencio. Con la esperanza entre los dedos, todos duermen y espantan de sus sueños la lluvias de enero del 2008.