La iglesia de Caquiaviri retrata 448 años de historia en lienzos La imagen de San Antonio Abad y el cerro Huayhuasi son los protectores del templo que guarda tesoros coloniales desde 1560.
El altar mayor de la Basílica Mayor de San Antonio Abad
en Caquiaviri.
El 17 de enero de 2010, la población de Caquiaviri, en La Paz, tendrá dos motivos para celebrar: La fiesta del pueblo y los 500 años de la edificación de la Basílica Mayor de San Antonio Abad.
La iglesia y sus pinturas son el orgullo de los caquiavireños. “Por la historia que guarda y por la calidad de obras que posee, es uno los pocos templos que aún mantienen vivo el espíritu colonial”, dice el oficial mayor técnico del municipio, Augusto Carrasco Rojas.
El oratorio fue declarado Monumento Nacional el 31 de enero de 1945 durante la presidencia de Gualberto Villarroel y fue construido en 1560, según los datos que maneja el Viceministerio de Desarrollo de Culturas.
Huayhuasi es el protector
En Caquiaviri, las callejuelas son estrechas, propias de la época del virreinato. Allí se tiene una plaza principal donde aún se efectúan corridas de toros en enero, mientras su iglesia se encuentra a las faldas del cerro Huayhuasi.
El “qullu”, o cerro en idioma aymara, es en realidad un “apu” precolombino, un ser supremo que habita en las montañas como un protector. Huayhuasi es el guardián de la Basílica Mayor, que sin embargo cuenta con un sistema de seguridad de última generación. Por eso, para el ingreso, se debe contar con autorización, aunque también se puede entrar cuando se celebran las liturgias.
Adobe y ladrillo fueron utilizados para la construcción de la centenaria iglesia. El conjunto religioso de Caquiaviri está constituido por una capilla de velas y otra, más pequeña, en el lado izquierdo; además de una habitación para el cuidador. Estos espacios se encuentran fuera del cuerpo principal del templo que está circundado por un muro perimetral de adobe.
El frontis posee una portada de estilo renacentista y su interior contiene pinturas coloniales con marquetería de madera tallada recubierta de yeso y pan de oro correspondientes al siglo XVIII. El estilo barroco mestizo se evidencia en las columnas salomónicas con racimos de vid y hojas en formación helicoidal. Sus basas se encuentran adornadas por decenas de querubines.
En otro ambiente, frente a la sacristía, se hallan pequeñas esculturas en retablos con crucifijos, candeleros de bronce y fragmentos de otros retablos.
La sacristía resguarda, además, ropas litúrgicas como casullas, dalmatitas y capas pluviales de tela estampada y bordada con pasamanería dorada.
La riqueza de sus lienzos
El Infierno y el Paraíso, la Familia Sagrada y el Vía Crucis de Jesús son sólo algunos de los temas que están retratados en las pinturas coloniales en la iglesia del municipio pacajeño de Caquiavi.
Al menos, medio centenar de lienzos están en las paredes de la basílica y otro tanto se guarda en un depósito, todos con un incalculable valor cultural e histórico.
“Fueron hechas por el Maestro Anónimo de Caquiaviri. No se tiene datos certeros del autor de estas obras”, explica el oficial mayor técnico, Carrasco Rojas.
Una de las obras más grandes llega a medir dos metros de ancho por cuatro de largo, aunque el municipio de Caquiaviri recién realizará una catalogación completa del estado de las piezas.
La población sabe del valor que tiene su iglesia colonial al igual que los habitantes de los 11 cantones que pertenecen a Caquiaviri, y por eso, desde sus autoridades, están empeñadas en crear un circuito turístico para aquella región paceña.
Hace años hubo un intento de robo a la Basílica Mayor de Caquiaviri, por esa razón fueron instaladas las cámaras de seguridad. Y por si faltara ayuda, la imagen de San Antonio es el guardián y junto a él, desde las alturas el cerro de Huayhuasi, el ser supremo.