Es inútil ya discutir la legalidad o no de lo que ocurre, porque gobierno y oposición usan y abusan de la ley y gritan respetarla con el mismo desparpajo con que se acusan de violarla como si el resto, que es mayoría, fuera de palo. Es absurdo por eso suponer que podremos concertar la ley de leyes mediante una competencia de ilegalidades.
Cuando casi no hay tiempo, parece, pues, prudente una tregua antes del último tropezón para que no termine en choque frontal con cabezas rotas. Porque después, además de consensuar, habrá que curar heridas.
Tal vez sin querer, la última oportunidad para hablar antes de golpear la dio la Corte Nacional Electoral. Si los deseos de paz, unidad y democracia son ciertos, en ese orden, la necesidad de una ley para ir al referendo puede abrir la puerta al diálogo. La cuestión es que olvidemos la forma, que sabemos que nadie respeta, y que el diálogo vaya al fondo, de una buena vez y con total honestidad: no se trata de discutir cómo se convoca al referendo, sino qué se le propone a la gente para que decida.
Todos sabíamos qué quieren y qué rechazan unos y otros, pero sólo al final de una especie de juego sucio de astucia, chicanas y falso engaño se llegó al tuétano. La cuestión ahora es ponernos de acuerdo en qué queremos cambiar y con qué cambiamos. Pero sobre todo, hasta dónde podemos hacerlo de manera objetiva y racional, más allá de la subjetividad de los deseos.
Se trata de encontrar un producto final que aunque no sea perfecto ni satisfaga todas nuestras expectativas e ilusiones, aceptemos y acatemos porque es lo mejor que pudimos producir, en función de nuestra propia realidad.
Por puro ejercicio, por ejemplo, me interesa poco quién sea presidente y cuántos años gobierne, si hay normas que garanticen que lo haga para bien de todos. Y que si tengo el derecho de elegirlo, pueda revocarle mandato si incumple esas normas y hay cómo calificarlo. Quiero un país con justicia social, libertad, solidaridad e igualdad de oportunidades, derechos y obligaciones, en el que el esfuerzo y los recursos que son de todos generen el bien común sin importar género, raza, color, credo, preferencias sexuales o regiones. Y así por el estilo, pongamos todo lo que hace al país que pretendemos y, si podemos, también, el calificativo que queramos para el modelito de nuestra utopía.
Si lo conseguimos, decidir después cómo aprobamos la norma será más fácil y lo haremos seguramente sin el puño en alto, bloqueos ni amenazas. Sobre todo, no tendremos que lavarnos sangre de las manos y podremos declararnos ciudadanos de una república que es real y aún existe.
*Juan León es periodista.
Controversias en el derecho comunitario
En la última Feria del Libro paceña se presentó el texto Solución de controversias en la integración sudamericana, de la Dra. Karen Longaric de Anaya (Programa de Investigación Estratégica en Bolivia-PIEB, La Paz, 2008.)
Algo se mueve en Irak
El Gobierno de Al Maliki ya controla la provincia de Al Anbar y pone fecha a la retirada americana.
Camino Cochabamba-Beni
Alguna vez me atrajo la agudeza del explorador y naturalista francés Alcides d’Orbigny, convocado por Andrés de Santa Cruz y Calahumana, que deambulando por Bolivia transpuso las alturas de Guakanki
Mujer y trabajo: la desigualdad persiste
La participación de las mujeres en los mercados laborales de América Latina aumentó en forma significativa las últimas dos décadas
Ediciones Anteriores
Encuesta del día
Provechoso para la economía del país
Podría ser riesgoso para las relaciones con Europa y EE.UU