El corazón de Calacoto es un mercado caótico En la 21 de Calacoto se encuentra de todo para comprar y comer. En las noches, jóvenes consumen bebidas alcohólicas y al día siguiente la gente halla restos de marihuana en el lugar. Los robos menores son frecuentes.
MOTORIZADOS POR DOQUIER • El jueves al mediodía, el congestionamiento vehicular llena la calle 21 y las vías aledañas.
Comerciantes de perros, aquí. Vendedores de billetes de lotería, allá. Lavadores de autos, mucho más allá, y en el piso, restos de un porro de marihuana. Y, una insoportable mezcla de bocinazos, música y ofertantes de venta por todo lado. Ésos son los latidos del corazón comercial de la zona Sur de La Paz.
La calle 21 de Calacoto se ha convertido en la referencia del crecimiento desordenado de la zona Sur. Recordada como el barrio residencial de La Paz, hoy está ocupada por todos los rubros comerciales imaginables: desde los vendedores de autopartes robados hasta la distribución y consumo de droga, desde la venta de ropa usada hasta la oferta de fina lencería femenina.
Quienes tienen aspiraciones de artistas también ofrecen sus obras recientemente pintadas. En la Montenegro también se encuentran a grupos de música folklórica que interpretan por unas monedas y en algunas ocasiones aparecen los malabaristas.
Y, el paisaje se completa con atractivas modelos que invitan a adquirir la última promoción. Así, los peatones tienen muy poco espacio en las veredas.
Sábado 30 de agosto, 11.00. En una de las esquinas de la plaza de la iglesia de San Miguel, una pareja de jóvenes vende celulares sueltos, sin cajas o estuches.
Ocho horas más tarde, el sitio es ocupado por jóvenes que consumen bebidas alcohólicas y hasta droga. Al frente, el dueño de un anaquel que ofrece dulces dice que los sábados y domingos por la mañana se encuentra con restos de marihuana por esa área.
En la 21, cerca de la avenida Costanera, la situación es similar. Vehículos se estacionan y al ritmo de música chicha, pop, rock u otra, jóvenes consumen bebidas alcohólicas y quién sabe si también droga.
A las 10.00, cuenta Julio Álvarez, técnico de la Dirección de Promoción Económica de la Subalcaldía Sur, decomisan al único cachorro en oferta en la esquina de la 21 de Calacoto y la avenida Montenegro.
Una hora más tarde comenta que “cuando los ambulantes se dan cuenta de que vamos a realizar un operativo con la Guardia Municipal desaparecen y cuando nos vamos vuelven”.
Esa mañana los gremiales no huyen. En el atrio del Banco Mercantil Santa Cruz, un vendedor expone sus cuadros y a pocos pasos otros dos ofrecen artesanías en telas negras extendidas sobre aproximadamente dos metros de acera. En la esquina, un librecambista espera que un vehículo se detenga para hacer la transacción, mientras una pareja se acerca a los peatones y conductores para vender la lotería americana.
Sobre la Montenegro hay músicos, vendedores de adornos, aretes, cigarros, dulces, helados, cuñapés y otros productos.
En la tarde, en la puerta de la confitería Brosso un oso, un ratón parecido a Mickey y un pato igual a Donald bailan sobre la acera. Los niños disfrutan y los grandes pasan por la calzada.
Según Álvarez, los comerciantes ambulantes no tienen permiso para vender, “los productos que estos comerciantes ofrecen no están garantizados y son peligrosos para la salud”.
Dos vehículos estacionados desde hace 15 años venden panchos (hot dog), tucumanas y cebiche, mientras, una camioneta se parquea a ofrecer toallas.
Detrás de la iglesia San Miguel, el asfalto está gastado. Ahí ocho lavadores de vehículos permiten el parqueo si es con servicio incluido. En días de semana, en la plaza y detrás de un árbol, no pueden faltar las vendedoras de comida que sirven platos a los albañiles que trabajan en las construcciones cercanas al lugar. En la esquina, El Choco suele dar flores a cambio de monedas.
“Cuando hacemos operativos con la Guardia Municipal, los ambulantes se enteran y desaparecen de las calles”
Las vías se obstruyen de lunes a lunes
Al mediodía, las arterias del corazón de la zona Sur se obstruyen por los cientos de vehículos que esperan a que el semáforo cambie de color o a que el vehículo pase al otro carril.
De lunes a lunes la calle 21 de Calacoto, en las horas pico, colapsa por el congestionamiento vehicular. Los sábados, el tráfico se transforma en una exposición de motorizados.
Grupos de jóvenes salen a “vueltear” por esa calle y por la Montenegro. Otros vehículos, que se quedan parqueados durante varias horas en los costados de las vías, lucen letreros de “en venta” o “me venden”.
Los radiotaxis también rondan la zona. En la puerta del supermercado Ketal, por ejemplo, siempre hay uno parqueado. Los fines de semana el estacionamiento es hasta en doble fila.