Un diagnóstico realizado por la ONU y la Unesco sobre las lecciones aprendidas en las últimas décadas en el área de la educación dejó en claro que el efecto social de las reestructuraciones económicas registradas en muchos países se tradujo en la disminución del gasto en la educación básica de sus habitantes, dando lugar al analfabetismo como resultado de estos procesos y, por ende, a la privación de un derecho fundamental de los ciudadanos.
Bajo esa perspectiva, en 1967, la Unesco declaró el 8 de septiembre el Día Internacional de la Alfabetización; declaración por la cual gobiernos, instituciones educativas y sociedad civil se comprometían a luchar contra el analfabetismo.
Más de cuatro décadas después, si bien hubo reformas educativas en los países orientadas a cumplir la meta establecida en esa Declaración y se produjeron grandes esfuerzos a erradicar el analfabetismo a partir de una acelerada escolarización en el mundo, nuevos escenarios y nuevas necesidades exigieron replantear el enfoque de la educación como tal.
En este entendido, el concepto de un mundo alfabetizado no se limita a un mundo donde la población sabe leer y escribir solamente, alfabetizar debe suponer que es la educación el medio por excelencia para potenciar las capacidades humanas y ponerlas al servicio del progreso y el bien común.
Por otro lado, las condiciones socioeconómicas a las que se hallan supeditados, en muchos casos, los sistemas educativos, identifican nuevas brechas para ser resueltas actualmente, como el acceso a la educación de las mujeres y los niños principalmente. Aún queda mucho por hacer. Más de 100 millones de niños y niñas en el mundo carecen de la oportunidad de ir a la escuela y son más de 771 millones los adultos que no saben leer ni escribir.
Por ello es una obligación de los Estados y sociedades restituirles el derecho a la educación, pero una educación que responda a las necesidades de desarrollo de las comunidades, entendiendo que los centros educativos deben ser una referencia educativa-social de construcción de competencias para la vida.
El enfoque del emprendedorismo permite reconceptualizar la educación como un proceso centrado en la formación de competencias como saber ser, saber hacer, saber estar y saber convivir, de manera que se posibilite la apropiación del aprendizaje por el participante, involucrando a las familias en este proceso, pues son éstas las que tienen un rol protagónico en el desarrollo integral de sus niños, niñas y jóvenes; considerando además a las comunidades como aliadas en el proceso educativo.
Este nuevo enfoque de una educación emprendedora e integradora debiera primar para optimizar resultados, pues una educación de calidad es lo que distingue a las sociedades, a las culturas y las comunidades; pues considera a la persona como un individuo con necesidades de aprendizaje concretas y que deben ser resueltas y a la educación como un derecho fundamental cuya restitución y cumplimiento es irreductible.
*Ana María de Granda es presidenta de la Junta Directiva Nacional de Aldeas Infantiles SOS Bolivia.
Jugando con fuego
Charles Darwin sostuvo que el odio se sustenta en el deseo de venganza y en la defensa de los intereses propios. “Si hemos sido o esperamos ser agredidos por alguien (…) ese alguien nos será desafecto; y el desafecto se convierte fácilmente en odio”, dijo.
Estado de Derecho
Nuestras sociedades se rigen por Constituciones, que son parte de procesos históricos acumulados y adecuados a determinadas realidades. Esas Constituciones contienen normas que establecen derechos y deberes ciudadanos que al mismo tiempo le dan un carácter al ejercicio de la ciudadanía.
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