Si nos ponemos a hacer un recuento de las formas discursivas polarizadas utilizadas por los actores políticos en los últimos meses, los adjetivos calificativos incorporados en sus discursos y las acciones colectivas realizadas, no alcanzaría el espacio de esta columna. El problema es que esta polarización inicialmente político-ideológica y restringida a los líderes políticos, ha trascendido a la sociedad y a los actores sociales y se ha convertido en una suerte de par de imanes en un campo de fuerzas que arrastran los objetos hacia uno u otro polo.
Aquella disputa política que en otras democracias latinoamericanas o europeas tiende a limitarse a espacios institucionales, como por ejemplo el Parlamento, en el que se generan intensos debates de ideas, no sucede en el proceso boliviano donde la crisis de legitimidad de dichos escenarios ha producido el desplazamiento de los conflictos políticos hacia la sociedad organizada, y hacia la ciudadanía en general. El escenario de las decisiones políticas, por tanto, está ocupado por los movimientos sociales, pueblos indígenas y actores evidentemente atípicos en la disputa política como los movimientos regionales o grupos juveniles que si bien en el pasado asumían posiciones particulares, no jugaban directamente en campo político.
Empero, en este juego de poder que evidentemente no pasa por los mecanismos y espacios institucionales se entra peligrosamente en un territorio en que todo parece ser posible. Hay que recordar que el sentido de las reglas democráticas es poner límites al poder, a las arbitrariedades que de hecho comportan los juegos y estrategias políticas para obtener resultados particulares, independientemente de quién esté ejerciendo el poder y que, llevadas al extremo, dejan de ser un arma utilizada por ambos y se vuelven en contra de la sociedad. En ese sentido se entiende la decisión del Presidente de la CNE de rechazar la consulta convocada por el Ejecutivo para el 7 de diciembre ´en tanto no se solucionen los impedimentos de orden legal´. Pero, dado el campo magnético en que se produce, esta decisión ha sido asumida por ambos polos como una adscripción a favor o en contra de sus intereses.
En realidad, las consultas ciudadanas vienen siendo utilizadas como un instrumento para legitimar posiciones, tanto los referendos autonómicos en cuatro regiones en los cuales con seguridad la población ni siquiera fue informada sobre el contenido de los estatutos que aprobaron, pero también el referéndum revocatorio de mandato en que se jugaron las fuerzas en disputa y ni por si acaso se evaluaron las gestiones prefecturales o las características del proceso de cambios. En ese sentido, los actos de consulta también terminan sometidos a este campo de fuerzas donde el soberano es una abstracción porque las cartas ya estaban, ex ante, sobre la mesa. Las preguntas son, ¿hasta cuándo seguiremos en esta lógica?, ¿hasta dónde están dispuestos a llegar?, ¿hasta las últimas consecuencias?, ¿qué significarán las ´últimas consecuencias´? Cuando a Borges le preguntaron en una oportunidad si la crisis argentina estaba tocando fondo, respondió que él pensaba que en realidad podían seguir cayendo indefinidamente.
Por último, hay que sumarle a esta coyuntura otro elemento de la física convencional que es la relación acción/reacción asumida por los actores sin dejar los mínimos intersticios de reflexividad por donde pueda filtrarse alguna alternativa.
*María Teresa Zegada es socióloga.
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