La máquina que revelaría el génesis trabaja con éxito Los científicos califican la labor como“histórica” para la humanidad. Con el acelerador de partículas se quiere observar, entre otros elementos, las partículas que componen la materia negra.
El Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés), el mayor acelerador de partículas del mundo, empezó a funcionar ayer con éxito en la frontera franco-suiza con la misión de dar respuesta a las preguntas sobre el origen del Universo.
Dos primeros haces de partículas efectuaron, una en sentido inverso a la otra, una vuelta completa al LHC, un anillo de 27 km, enterrado a 100 metros bajo tierra, cerca de Ginebra. “Técnicamente, todo funciona según lo previsto”, dijo satisfecho el director científico de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), Jos Engelen.
Es un “día histórico” para la humanidad, que “quiere saber de dónde viene y a dónde va, y si el universo tiene un fin”, exclamó el director general de la organización, Robert Aymar.
El funcionamiento del acelerador se basa en hacer estallar protones que circulan en sentido inverso, provocando la emergencia de partículas primarias jamás observadas hasta ahora, que corroborarían los pilares teóricos sobre los que se asienta este campo de la física.
Este colosal instrumento está llamado a recrear las condiciones que prevalecieron en el universo justo después del Big Bang, antes de que las partículas elementales se asociaran para formar los núcleos atómicos.
Se espera además que permita observar las partículas supersimétricas que compondrían la materia negra, de la que no se tiene ningún conocimiento, salvo que representa el 23% del universo, frente al minúsculo 4% para la materia ordinaria. La energía oscura, responsable de la expansión del universo, integra el resto.
El LHC también está encargado de detectar la antimateria, generada en partes iguales a la materia en el momento del Big Bang, hace 13.700 millones de años, pero prácticamente desaparecida desde entonces.
Estas experiencias serán realizadas por cuatro grandes detectores instalados alrededor del anillo: Atlas, Alice, CMS y LHCb.
Otro desafío será confirmar la existencia del bosón de Higgs, una misteriosa partícula que dotaría de masa a todas las demás. Para tratar de verla por primera vez, se provocarán colisiones de protones que desprenderán una energía de calor 100.000 veces superior a la del centro del Sol.
Si toda va bien, alcanzarán a finales de octubre una potencia de 5 teraelectronvoltios (Tev), es decir, cinco veces superior a la del Tevatron del Fermilab estadounidense, hasta ahora el más potente del mundo.
Las colisiones podrían crear pequeños agujeros negros que los científicos del LHC aseguran no son un peligro. Ginebra, AFP
Cuatro enigmas a resolver
El Gran Colisionador de Hadrones (LHC), que fue inaugurado cerca de Ginebra por la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), está llamado a responder a cuatro preguntas determinantes que traen de cabeza desde hace décadas al mundo de la física de las partículas.
El primero es hallar el bosón de Higgs, una partícula inestable calificada de “divina” puesto que muchos investigadores la han estudiado sin haber demostrado su existencia. Ello permitiría explicar el origen de la masa y por qué algunas partículas están desprovistas de ella.
La segunda es explorar la supersimetría. Una explicación sería que la materia negra está compuesta de partículas supersimétricas llamadas neutralinos.
La tercera es estudiar el misterio de la materia y la antimateria. Y la cuarta, recrear las condiciones que prevalecieron en el universo en las milésimas de segundo que sucedieron inmediatamente al Big Bang. París, AFP