No le fue bien a Evo Morales en el referéndum. Aunque haya sido ratificado con el 67%. Lo advertimos oportunamente desde esta columna, provocando espanto en aquellos que se empeñan en seguir viendo al país con la miopía secular del Gobierno central. En aquellos que no fueron capaces de ver que también ganaron legitimidad los ciudadanos que apoyan las autonomías en cinco departamentos, votando por los prefectos opositores.
En el artículo de marras (La Razón, 12-8-008) hicimos la siguiente observación: ´Evo Morales gobierna en el espacio abstracto del país pero no en el espacio concreto de los departamentos. Se trata de un factor real de Poder que está aun más allá de los porcentajes electorales... El respaldo político del Presidente se sostiene en el nivel difuso de lo nacional y no puede traducirse en el escenario cotidiano de la gestión departamental...´.
A un mes de aquel análisis, la situación nos enfrenta con una crisis de poder entre el Gobierno central y cinco departamentos que amenaza asfixiarnos. Con violencia literal.
El caso es que en los últimos 500 años ha habido muchos cambios. Y la estructura política no ha tenido la capacidad necesaria para responder de acuerdo a las expectativas. Entre estos cambios, se ha ido consolidando una cultura que impulsa mayores niveles de descentralización, amén de otras reivindicaciones con credenciales oficiales. Es una tendencia natural de la democracia.
La descentralización se inició en el país con la Ley de Participación Popular. Constituye el mayor proceso de
inclusión desde la restauración democrática en 1982, a saber: permitió pasar de 24 a 327 municipios en todo el territorio nacional, los gobiernos municipales ahora administran casi el 40% de la inversión pública y se ha impulsado el reconocimiento de la personalidad jurídica de más de 20.000 comunidades indígenas y campesinas, multiplicando los escenarios para el ejercicio de la ciudadanía. Se trata de un proceso que abarca grados inéditos de inclusión política, económica y social, en forma silenciosa y cotidiana, dejando de lado posturas redentoras o incitaciones a la violencia.
El segundo andamio de cualquier proceso de descentralización en el mundo es la configuración de un nivel intermedio de Gobierno. Los cruceños en Bolivia no somos tan creativos como para fundar un paradigma que pertenece a la experiencia comparada. Nuestras modestas oligarquías tampoco merecen un elogio tan desproporcionado. Simplemente se trata de una asignatura común para cualquier país medianamente organizado. Pero no se puede llevar adelante este proceso sin los recursos que ya se habían conseguido antes de que el actual Gobierno decida conculcarlos arbitrariamente.
Lo demás es El Síndrome de la Plaza Murillo. Es decir, el corralito mental de confundir Gobierno con centralismo y pretender que el 67% de respaldo a Morales hace inexistente el apoyo al proceso de descentralización en el país. De pretender que ahora el mundo se reduce a los aciertos y errores de Evo Morales.
*Roberto Barbery A. es analista político.
A esta herencia no renunciamos
Habían transcurrido apenas algunas horas desde ese 16 de julio en que los paceños decidieron constituir el primer gobierno de los libres en Sudamérica y una de las primeras medidas fue la de prohibir el insulto étnico, bajo pena de muerte.
¿De qué otra forma...?
Antes de indicar a qué me voy a referir, quiero explicar de dónde sale esta pregunta. En realidad se trata de la contracción, en razón del reducido espacio para titular las columnas, de un eslogan publicitario —"¿De qué otra forma se lo tienen que decir?"—
Lacrimosa por un país en guerra
No me ninguneen si les confieso que con los años la sensibilidad se ha vuelto vitíligo doloroso en mi piel. Me sacó lágrimas mientras el Réquiem de Mozart acompañaba mi hilar líneas sobre el radialista Carlos Quispe Quispe
Radicalidad suicida
La radicalidad per se, plantear acciones de fuerza cuando éstas no responden a una estrategia de poder, es síntoma de debilitamiento y no de fortaleza.