Beethoven no tenía iPod. Goethe no supo lo que era la luz eléctrica y quizás por eso murió pidiéndola. Bolívar jamás disparó una pistola. No hay que ser adivino para saber que se avecinan tiempos de vacas flacas para el mundo. Mejor dicho: que ya llegaron, y que nos acompañarán por un rato.
Ante esta ineluctable perspectiva, quiero enviar un mensaje de optimismo, y decir al género humano que el 95 por ciento de los bienes y comodidades que nos rodean son prescindibles, meras trivialidades que no se necesitan en absoluto y que, por el contrario, disminuyen nuestra energía creativa.
Sócrates, Platón y Aristóteles no conocieron la televisión y, gracias a ello, fundaron el pensamiento occidental. Colón nunca manejó un radar. Cervantes nunca empuñó un bolígrafo. Beethoven no tenía iPod. Goethe no supo lo que era la luz eléctrica y quizás por eso murió pidiéndola. Bolívar jamás disparó una pistola. John K. Kennedy ignoraba lo que era un correo electrónico.
Bueno: pues nada de eso —televisión, radar, bolígrafo, iPod, luz eléctrica, pistola, correo electrónico— es necesario para llevar una vida ejemplar. Y, para que no crean que pongo como parámetros a superhombres, voy a contarles de todo lo que es capaz de prescindir un mortal cualquiera, un vil insecto humano, un despojo de la sociedad, como soy yo, individuo de 63 años, casado y de profesión periodista.
Llevo 63 años sin:
Jugar al golf.
Fumar opio.
Asistir a una función de ballet clásico.
Conversar con Julio Iglesias.
Visitar un quirófano.
Leer a Longfellow.
Comer armadillo.
Preparar salsa bechamel.
Saludar a Hugo Chávez.
Cantar un rigodó.
Llevo 54 años sin:
Mojarme en la cama.
Oír “El derecho de nacer”.
Visitar a Tolú.
Jugar golosa.
Sonarme con el ruedo de la camisa.
Pedirle a San Luis Gonzaga que me lleve al cielo con él.
Vestirme de paje para coronar una reina.
Llevo 49 años sin:
Ayunar.
Repasar las tablas de multiplicar.
Montar a caballo.
Consultar un horóscopo.
Untarme petróleo en el labio superior.
Entrar a ver cine de la Nueva Ola francesa.
Coleccionar fotos de Marina Vlady
Escribir un poema de amor
Llevo 40 años sin:
Presentar exámenes de Derecho
Madrugar a clase de 7 am.
Cantar “Agujetas de color de rosa”.
Jugar generala.
Empujar un Ford 36.
Bailar con la reina del Bambuco.
Llevo 33 años sin:
Ver a Santa Fe campeón de fútbol en Colombia.
Vestirme de rabino en una fiesta de disfraz.
Tocar tambor con una caja de galletas en una fiesta.
Permitir que me pongan una inyección.
Encargar equipos de gimnasia por correo.
Jugar póker.
Comprar lotería.
Llevo 24 años sin:
Entrar a un club social que exija corbata.
Contratar una serenata.
Comer fresas con crema en copa.
Usar mocasines negros.
Leer poemas de José Martí.
Cambiar llantas.
Tutear a un mesero.
Llevo un año sin:
Conversar sobre la situación en Ruanda.
Silbar el vals de “La viuda alegre”.
Comer arepa de huevo.
Estrenar pantalones de pana.
Abrazar a Rafael Escalona.
Llevo un mes sin:
Comer pescado.
Pesarme.
Lavar el carro.
Oír música de Los Panchos.
Romper una taza.
Llevo un día sin:
Ver televisión.
Recibir una carta.
Saber de la situación de Georgia.
Llevo una hora sin:
Hablar con mi mujer.
Saber de mi familia.
Tomarme un café.
Ir al baño.
Llevo un minuto sin:
Sentarme derecho.
Llevo quince segundos sin:
Respirar.
Llevo cinco segundos sin:
Escri
¡Y, a pesar de esas privaciones, no me pasa nada! ¡Y soy relativamente feliz!
Así que, ánimo. La cosa no va a ser tan difícil.
*Daniel Samper P. es periodista.
¡Viene el lobo!
Hace varios meses, desde el fin de la Asamblea Constituyente, algunos parecíamos locos, aves de mal agüero que insistíamos en que venía la violencia
La solución: ¿Un Atatürk?
Dentro de mi trabajo en los temas de pobreza visité varias veces el oriente de Turquía, bastante equivalente a los departamentos andinos bolivianos.
El incendio de Bolivia
Bolivia vive en estos momentos una grave crisis, pero perfectamente evitable. Los primeros enfrentamientos con armas de fuego han causado al menos 10 muertos en Pando, una de las provincias [departamentos] rebeldes contra el gobierno de Evo Morales.
Melodrama peligroso
Soy el primero en darme cuenta de que no debería escribir sobre estas cosas que mellan la dignidad nacional. Esa “dignidad” a que es tan afecto el presidente Morales y que ya nos ha costado sangre, sudor y dólares.