Los hechos vandálicos ocurridos en estos últimos días en la "media luna" y, sobre todo, la voladura de un gasoducto —¿quiénes serían los verdaderos autores…?—, son inaceptables en cualquier país que se respete. Primero por la naturaleza delictiva de tales hechos y de sus autores a quienes puede calificarse de "lumpen". Segundo por haber permitido que esa gente, incluso los adictos al Gobierno, se acostumbren a la impunidad, dado que el propio Gobierno encubre a los agitadores cuando son los suyos y actúa cuando los que, saquean, destruyen son los otros. Es su forma habitual de hacerse la víctima. Tercero, por la impotencia de la fuerza pública, a la que el Gobierno ató las manos de forma que no pueda actuar ni siquiera en defensa legítima ni en preservar la vida y propiedades ajenas. Sólo se les permite recibir los golpes. ¡Qué hipócrita el Gobierno que presume de no tener muertos en su haber! ¿Y los más de 40 que sí cayeron durante el mandato de Evo Morales? Si, como es de temer, se producen otros fatídicos "muertitos", el Gobierno culpará a quien se le ocurra y se eximirá a sí mismo de su incapacidad para controlar la situación y su pertinaz negativa a dialogar. A todo esto se añade la impopularidad del Ejército y de la Policía por haberse dejado comprar por el Gobierno, descuidando al mismo tiempo los derechos de la población civil a vivir seguros, el resultado es que el mismo Gobierno y la ciudadanía pacífica, corremos el riesgo de ser rebasados por los vándalos. Si bien se mira, los gobernantes de hoy fueron los provocadores de ayer y conocen muy bien cómo y cuándo provocar muertitos y a quién culpar. A los militares se les hace cumplir tareas policiales y luego se los deja desamparados. Por esto se comprende que se propaguen rumores de un polémico intercambio de palabras entre el Comandante del Ejército y el Presidente. Tampoco los fiscales y los jueces cumplen con su obligación de perseguir y enjuiciar a los autores de los desmanes, pese a que estos últimos fueron perfectamente identificados por las cámaras de Tv. Al día siguiente de los motines, los anuncios judiciales deberían haber exhibido públicamente las imágenes de los delincuentes. Como en las películas: "Wanted". También habrá que señalar que el Gobierno, ensoberbecido por sus victorias electorales, ha sembrado los odios y rencores que ahora dan sus amargos frutos. Así mismo hay que incluir en la lista de responsables al presidente del Comité Cívico cruceño, quien exculpó públicamente a los asaltantes y depredadores que —según él— sólo querían ocupar "pacíficamente" algunas oficinas del Estado, y que fueron los militares y los policías quienes les provocaron. Éste es un burdo intento de encubrir a los delincuentes. Y hete aquí que nos topamos con el repetido razonamiento de que, cuando una sociedad no posee un sistema judicial efectivo, el vacío lo llena la ley de la selva. Esto es precisamente lo que está ocurriendo en Bolivia en donde no hay Estado, o lo que queda de él, no es capaz de crear el conjunto de circunstancias que llamamos "gobernabilidad". El MAS está demostrando su incapacidad de gobernar el país. Y los jefes autonomistas, igual de ineptos para combatir a su propio "lumpen".
La niña de Warisata III
Querida Marlene: En octubre del 2003 te escribí una carta desde un sueño. Copia de la misiva se encuentra en mi blog http://chavezbol.blogspot.com/.
La vida vale más
Hablar de economía, en momentos en que el país se encuentra al borde del enfrentamiento, parecería secundario.
Un mono con gillete
La política exterior del país ha caído, definitivamente, en manos muy torpes. En el curso de la última semana las relaciones de Bolivia con Estados Unidos quedaron congeladas, los lazos con Brasil se deterioraron y quedaron ofendidos los gobiernos de Argentina y Colombia al ver que eran rechazados sus mediadores que estaban listos para venir a Bolivia. A cambio, las relaciones de Bolivia con Irán llegaron a su mejor momento
El gorro de las cuatro puntas
Hoy, pienso en la sangre, el silencio, la muerte. La estridencia de un estallido, el dolor, los gritos, los cuerpos flotando en el agua del río, el miedo, el odio…el odio. Un disparo, un ojo que ha apuntado a un cuerpo, un cuerpo que ha sentido estallar la piel y la carne y el astillarse de los huesos y que en ese instante siente la conciencia que se nubla y que se pierde y que desaparece para siempre.
Entre Robin Hood y Ronald Reagan
Así como los chinos pudieron de nuevo ver el cielo y las estrellas gracias a que las Olimpiadas obligaron a limpiar el aire, en Estados Unidos ahora podemos distinguir con mayor claridad lo que separa a demócratas y republicanos tras el fin de las convenciones partidarias.