Hoy, pienso en la sangre, el silencio, la muerte. La estridencia de un estallido, el dolor, los gritos, los cuerpos flotando en el agua del río, el miedo, el odio…el odio. Un disparo, un ojo que ha apuntado a un cuerpo, un cuerpo que ha sentido estallar la piel y la carne y el astillarse de los huesos y que en ese instante siente la conciencia que se nubla y que se pierde y que desaparece para siempre. Pienso en la bandera, en las banderas que ensombrecen la bandera grande, la de todos. Hoy, en esta noche tranquila, de cielo negro (cielo de todos), pienso en los últimos ocho años, en lo que hicimos para que todo esté sucediendo así, ciegos por las ideologías, por el poder, por ese anillo infranqueable de quienes lo tuvieron todo nos perdieron a todos, de quienes no tuvieron nada y se les prometió todo. Promesas, ayer, promesas hoy, promesas siempre. Pienso y cuento las vidas de compatriotas que hemos perdido en la telaraña de las utopías, en la locura de las reivindicaciones, en la locura de la represión, en la locura de un Estado que no supo administrar su sociedad y en la locura de una sociedad que creyó que arrebatándole todo al Estado lo conquistaría todo. Me pregunto, mientras escucho este turbión sordo que nos ahoga ¿A dónde vamos? ¿Qué sierpe misteriosa y envenenada se muerde la cola sin cesar desde hace ocho años? ¿Por qué, sabiendo que vamos al abismo, vamos al abismo? ¿Por qué, sabiendo que desgarramos la patria, la seguimos desgarrando? ¿Por qué siempre la sinrazón se disfraza de razón y avanza sin mirar, pisándolo todo? ¿No estamos hastiados ya de la palabra cambio que no cambia nada? Estamos atrapados por las profecías autocumplidas ¿Seguimos segando vidas del pueblo con la ilusión vana de que ahora sí le toca al pueblo? ¿No nos percatamos acaso de que siempre muere el pueblo?, que sin importar quien gobierne, muere el pueblo, la misma carne de cañón, la misma, la de siempre. Con Banzer Presidente, con Goni Presidente o con Evo Presidente, la historia se repite, en las mismas carreteras, (no importa el lugar geográfico, son las mismas), los mismos rostros, la misma intemperancia, la misma locura. ¿No hemos aprendido ya que esta espiral no deja sino girones, como si nos arrancásemos la piel hasta quedar desollados en medio de la nada? ¿De qué nos sirve saber que vencimos, si vencimos sobre un cementerio, si queremos transformar todo en un cementerio, un cementerio en el que flamee una bandera del color que sea que diga ¡Vencimos!? Matar no es vencer, morir no es vencer, desgarrar no es vencer, destruir no es vencer, negarse a escuchar no es vencer. Ninguno de nosotros quiere a nuestra madre muerta o mal herida. Pero la matamos todos los días, la malherimos sin piedad, a nombre de abstractas ideas de perfección, “vivir mejor” o “vivir bien”…matando y muriendo. Es una amarga ironía, es algo más que eso, es una bofetada a todas las prédicas y a todos los predicadores. ¿No era que desde el corazón de la coca llegaba el paladín para lavar la sangre de la represión estatal? ¿No era que la nación había escogido al hombre que cambiaría la historia? Para cambiar la historia, Presidente, se requiere una convicción sobre la historia, cuya primera lección es no repetir los pasos por el lodo y la sangre que otros recorrieron, persiguiendo sus propias huellas. Ningún discurso sirve si se amasa en la carne y la sangre de un compatriota. Cuando se ha vivido el trauma de la muerte desde las calles y las carreteras, o cuando se lo ha vivido en el dolor de tratar de evitarlo desde el poder, no se puede continuar sin límites con el discurso del cambio a costa de todo. ¿Y esta locura desde la otra vereda? ¿Es justo plantear la reivindicación regional desde la intolerancia? ¿Es justo la carne de cañón fabricada desde la almena intolerante de la violencia como respuesta al atropello? ¿Es justa la reivindicación que clama la sobrevivencia de un modo de vida, segando la vida? En suma, ¿es aceptable hacer lo mismo que el otro desde el discurso excluyente y unilateral? ¿Es justo reivindicar ideas a palos y explosiones que lo arrasan todo, golpeando policías, humillando uniformes, escupiendo a quienes tienen la tarea de protegernos a todos? ¿Qué pediremos mañana de quienes representan el orden legítimamente constituido, si cuando trataron de proteger nuestros bienes (los bienes del Estado son nuestros bienes), los vapuleamos y zarandeamos como muñecos, amparados en la certeza de que no nos dispararán hasta que dispararán, hasta que toda paciencia se acabe, hasta que toda tolerancia desaparezca? Así, ni habrá cambio, ni revolución, ni autonomías, ni ley, ni Constitución, ni nada, así sólo habrá odio, rencores, heridas, guerra en los corazones. Guerra. ¿Ese es, señor Vicepresidente el “empate catastrófico” que usted está contribuyendo a desempatar? ¿Es así como se responde a la predicción de un ex presidente que anunció hace cinco años que este país era inviable? ¿Quién juzga a quién? ¿Cómo podemos juzgar el pasado, si no tenemos la altura moral de actuar en el presente con un mínimo de consistencia, con lo que se supone son los principios supremos de la construcción de una nueva nación en paz? La razón de este desastre es muy simple de entender. A quien le dieron la vara del poder milenario en Tiahuanacu hace tres años, no comprendió algo muy importante: Todo el poder (el del hilakata, el del gran jefe aymara, el del jefe de Estado, el del Presidente de todos los bolivianos) requiere en igual medida de algo muy importante, actuar con toda responsabilidad. Exige también el uso del poder para gobernar, para servir y para administrar la vida de todos, más allá de los Andes, en el norte, en el este y en el sur. Por eso, presidente Morales, el 21 de enero del 2006 pusieron sobre su cabeza el gorro prehispánico de cuatro puntas que simboliza los cuatro puntos cardinales. Los “cuatro suyos” incluyen el Amazonas en el norte (sangrante hoy), los llanos de Mojos y Chiquitos en el este y las llanuras y sierras chaqueñas en el sur. Más allá de las nieves está también la Patria, no una patria ensangrentada, sino una patria de luz.
La niña de Warisata III
Querida Marlene: En octubre del 2003 te escribí una carta desde un sueño. Copia de la misiva se encuentra en mi blog http://chavezbol.blogspot.com/.
La vida vale más
Hablar de economía, en momentos en que el país se encuentra al borde del enfrentamiento, parecería secundario.
Incapacidad de gobernar
Los hechos vandálicos ocurridos en estos últimos días en la "media luna" y, sobre todo, la voladura de un gasoducto —¿quiénes serían los verdaderos autores…?—, son inaceptables en cualquier país que se respete. Primero por la naturaleza delictiva de tales hechos y de sus autores a quienes puede calificarse de "lumpen".
Un mono con gillete
La política exterior del país ha caído, definitivamente, en manos muy torpes. En el curso de la última semana las relaciones de Bolivia con Estados Unidos quedaron congeladas, los lazos con Brasil se deterioraron y quedaron ofendidos los gobiernos de Argentina y Colombia al ver que eran rechazados sus mediadores que estaban listos para venir a Bolivia. A cambio, las relaciones de Bolivia con Irán llegaron a su mejor momento
Entre Robin Hood y Ronald Reagan
Así como los chinos pudieron de nuevo ver el cielo y las estrellas gracias a que las Olimpiadas obligaron a limpiar el aire, en Estados Unidos ahora podemos distinguir con mayor claridad lo que separa a demócratas y republicanos tras el fin de las convenciones partidarias.