Así como los chinos pudieron de nuevo ver el cielo y las estrellas gracias a que las Olimpiadas obligaron a limpiar el aire, en Estados Unidos ahora podemos distinguir con mayor claridad lo que separa a demócratas y republicanos tras el fin de las convenciones partidarias. Las diferencias no son (ni serán) muchas, pero es obvio que ambos partidos se alejaron del centro. El demócrata giró más hacia la izquierda en busca de un Estado más intervencionista en temas económicos y energéticos, usando el sistema impositivo al estilo Robin Hood y con una mirada más egocéntrica en lo nacional. El republicano viró más hacia la derecha, confirmando un sistema que se sustenta en la prosperidad y la moral individual, a la manera de Ronald Reagan, y justificando la intervención extranjera, mediante guerras o acuerdos comerciales, para garantizar la seguridad y la economía nacional. Todo lo del medio, combatir la inflación, revertir la debacle inmobiliaria, crear fuentes alternativas de energía, legalizar a los indocumentados, traer o no las tropas a casa, ofrecer salud pública o privada, favorecer o no el derecho al aborto, quedó como cháchara y retórica. Al final, quien llegue a la Casa Blanca tendrá que contar con el beneplácito del Congreso, y será vigilado por un Poder Judicial, falible, pero implacable. Ahora empieza realmente la carrera, 60 días hasta el martes 4 de noviembre, cargados con tres debates y prometiendo una campaña despiadada. Cuando los demócratas levantaban cabeza, John McCain sacó un as de la manga, Sarah Palin, que con su porte y empuje está hipnotizando a los medios y hará que los debates entre ella y Biden tengan más teleaudiencia que los de Obama-McCain. Para los millones de hispanos que elegimos vivir mejor en el Norte, pero que miramos de reojo el bienestar de nuestra gente en el Sur, la elección presidencial nos presenta una dualidad peculiar. Los demócratas nos ofrecen un sistema más favorable y equitativo respecto a la distribución de la riqueza, pero no brindan nada hacia el Sur, cierran sus fronteras y enamoran a los sindicatos nacionales prometiendo que recobrarán el “Made in America”. Los republicanos, en cambio, presentan el desafío mayor hacia el interior, obligan más a la competencia y a buscar “el sueño americano” tras el esfuerzo personal y la carga impositiva; pero, por otro lado, cacarean con abrir más las fronteras y cristalizar los acuerdos de libre comercio como el de Colombia y otros países latinoamericanos. Obama y Biden encarnan mejor nuestras preocupaciones por los derechos civiles y la igualdad frente a la mayoría étnica, con políticas más socialistas al estilo Comunidad Europea; sin embargo, McCain y Palin muestran las cualidades de un sistema político y económico que fue la atracción principal (como los parques de Disney) para venir a estas tierras; además de que no tienen medias tintas para condenar a los regímenes neopopulistas del Sur que siguen socavando las libertades públicas. Pero no nos engañemos, el Sur no es prioridad para EEUU, cuyos ojos miran hacia el Este y lo más lejano de ese punto cardinal. Ambas agendas partidarias conciben a Latinoamérica como el mal menor de los asuntos internacionales, porque sus retos se centran en la competencia económica, los recursos energéticos y los conflictos políticos encarnados por el Medio y Lejano Oriente. Sobre América Latina, Estados Unidos aprendió a tener paciencia y a dejar que se acomode. El Sur ha dado muestras de un sistema de ciclotimia política que es capaz de pasar de regímenes militares a neoliberales y de centroizquierda a neopopulistas en menos de dos décadas. Y de cambiar constituciones a diestra y siniestra. Más allá de esa política pendular latinoamericana, quien entre al Salón Oval tendrá que mirar hacia el Sur. El asedio del narcotráfico, la pobre distribución de la riqueza y la corrupción rampante e impune, son los motores que corroen a los sistemas. Si EEUU no ayuda o motiva la reversión de esas tres variables —seguridad, igualdad y justicia— tendrá que seguir construyendo los impopulares y degradantes muros de contención en sus fronteras.
La niña de Warisata III
Querida Marlene: En octubre del 2003 te escribí una carta desde un sueño. Copia de la misiva se encuentra en mi blog http://chavezbol.blogspot.com/.
La vida vale más
Hablar de economía, en momentos en que el país se encuentra al borde del enfrentamiento, parecería secundario.
Incapacidad de gobernar
Los hechos vandálicos ocurridos en estos últimos días en la "media luna" y, sobre todo, la voladura de un gasoducto —¿quiénes serían los verdaderos autores…?—, son inaceptables en cualquier país que se respete. Primero por la naturaleza delictiva de tales hechos y de sus autores a quienes puede calificarse de "lumpen".
Un mono con gillete
La política exterior del país ha caído, definitivamente, en manos muy torpes. En el curso de la última semana las relaciones de Bolivia con Estados Unidos quedaron congeladas, los lazos con Brasil se deterioraron y quedaron ofendidos los gobiernos de Argentina y Colombia al ver que eran rechazados sus mediadores que estaban listos para venir a Bolivia. A cambio, las relaciones de Bolivia con Irán llegaron a su mejor momento
El gorro de las cuatro puntas
Hoy, pienso en la sangre, el silencio, la muerte. La estridencia de un estallido, el dolor, los gritos, los cuerpos flotando en el agua del río, el miedo, el odio…el odio. Un disparo, un ojo que ha apuntado a un cuerpo, un cuerpo que ha sentido estallar la piel y la carne y el astillarse de los huesos y que en ese instante siente la conciencia que se nubla y que se pierde y que desaparece para siempre.