Para negociar es necesario contar con una metodología adecuada, aceptada por las partes y que permita desarrollar el proceso de concertación de manera ordenada y productiva. La improvisación y la ausencia de reglas claras para la resolución de los conflictos sólo genera desilusión y frustración, porque los espacios de negociación que se generan sirven para profundizar las diferencias y para enconar a los adversarios. Está comprobado que sentarse a conversar, por el solo hecho de hacerlo, muchas veces resulta contraproducente y nocivo, si es que no se administra el diálogo con prudencia y con la certeza de conclusiones eficaces. Tanto es así que, en los últimos años, las universidades más prestigiosas del mundo tienen como oferta académica de excelencia programas de resolución de conflictos y de negociación muy bien afinados y que representan el aporte más avanzado en materia de sociología aplicada. El método desarrollado por la Universidad de Harvard es un paradigma al respecto. En nuestro país, hace tiempo que varias universidades trabajan con seriedad el asunto. Las Maestrías para el Desarrollo de la Universidad Católica San Pablo, por ejemplo, tienen varias promociones de expertos capacitados en la temática; y, en los años recientes, la fundación UNIR, dirigida por Ana María Romero de Campero, ha realizado especial énfasis en diseñar estrategias de negociación acordes a nuestra realidad social y política. Sin embargo de aquello, lamentablemente, cuando se encaran procesos de negociación y concertación de enorme importancia para el conjunto de nuestra sociedad, como el que se iniciará con la reunión entre el Presidente de la República y los prefectos de los departamentos, se ignora completamente la necesidad de contar con la metodología mencionada y no se acude a los expertos en la materia para solicitar asesoramiento. Las partes, en ese contexto, acuden armadas de desconfianza y prejuicios, a enfrentarse en un diálogo de sordos, sin mediadores adecuados (sin mediadores en realidad) y con la seguridad de un resultado desastroso del que sólo pueden salir fortalecidas las posiciones extremas y la intolerancia, prolegómenos de la resolución no negociada del conflicto. Este tipo de "diálogo" es simplemente un "precalentamiento", una preparación para la definición violenta de la querella y de ninguna manera contribuye a la construcción de acuerdos. Sólo sirve para aprovechar la enorme cobertura mediática que tendrán, en la creencia de que mucha gente podrá informarse de los argumentos de los opuestos y de esta forma tomará partido a la hora de los palos, los golpes y las balas. Lo mejor que podría hacer la reunión del Presidente y los prefectos, si existiera voluntad, si ya no de pactar y de acordar, aunque sí de negociar, es definir unos mediadores, unos expertos que al más breve plazo propongan una metodología de resolución del conflicto y un cronograma para concluir exitosamente el proceso de negociación. Lo contrario será un torneo vacuo de discursos y la constatación de que estamos ante la crónica de un fracaso anunciado y una nueva victoria de los extremos inclementes.
**Ricardo Paz B. es sociólogo y constitucionalista.
¿Y el centro?
Escuchamos diariamente a analistas políticos en medios de comunicación hablar de: "dos visiones de país, un país quebrado, oriente vs. occidente, estatistas contra neoliberales". Esta forma de interpretar y leer la realidad nos ha llevado a una "encasillización de la política", entendida ésta como la desaparición o crisis de las posturas políticas de centro.
¡Ancladísimos!
Recientemente informé sobre la preocupante carta que S.E. mandó, sentenciando que la Ronda de Doha de la OMC estaba "anclada en el pasado" y que el mercado interno contaba más que las exportaciones. ¡Qué contrariedad!