Los pobladores de Porvenir y de Filadelfia son presas del miedo VISITA • Cuatro días después de la violenta jornada en la que se perdieron al menos 15 vidas, los pobladores de ambos municipios de Pando prefieren no tocar mucho el tema. En la zona hay calma, pero la tensión se siente en el ambiente.
CONSUMIDOS POR EL FUEGO • La imagen tomada ayer en Porvenir muestra los vehículos en que viajaban los grupos afines al MAS. Están dispersos a pocos metros del río Tahuamanu.
La gente vive con temor en los poblados involucrados en el conflicto que derivó en la muerte de al menos 15 personas en Pando. En el municipio de Porvenir no es fácil hallar a gente que hable sobre lo sucedido el jueves y en Filadelfia el hermetismo es tal que, pese a la vigilancia de militares, su alcalde, Antonio Aguilar, evita el contacto directo con los que lo buscan, hasta verificar quiénes son.
No obstante, en ambas poblaciones, distantes a sólo 20 minutos de viaje en vehículo, existe calma. Porvenir se encuentra a unos 30 kilómetros de Cobija, la capital de Pando. Fue en ese lugar donde se registró el enfrentamiento del 11 de septiembre, el cual, a decir de los campesinos, fue una “masacre”, mientras que desde el otro lado, se ve como un acto de defensa.
Seis vehículos consumidos por el fuego son mudos testigos de lo que pasó aquel día. Están en una calle que linda con un espacio abierto, a pocos metros de las orillas del río Tahuamanu. Quienes habitan en los alrededores salen tímidos a las puertas de sus viviendas al ver llegar a la prensa. “Era una balacera”, dice Carlos, un hombre de unos 45 años, testigo de los hechos.
Aseguran que no saben cómo empezó, pero que el detonante fue la muerte del ingeniero Pedro Oshiro, a manos, supuestamente, de los campesinos.
Este hecho se produjo en el sector llamado Tres Barracas, ubicado a tres kilómetros de Porvenir, el cual es una suerte de intersección y paso obligado a Cobija, entre los municipios de Filadelfia y Puerto Rico, desde donde llegaban más de 300 campesinos.
“Hasta ahora no sabemos qué pasó”, señala una señora. Otra mujer muestra una casa y asegura que los militares se llevaron ayer a una persona de ahí. “Que termine esto”, comenta otra y añade que los campesinos de Filadelfia llegaron y los amenazaron. Otro testigo dice que las armas usadas contra los campesinos “llegaron desde Cobija”.
En las oficinas de la Policía se encuentran cinco efectivos. Un sargento está a cargo, pero evita hacer cualquier comentario. “Las autoridades están en Cobija, busquen allá información”, responde a preguntas sobre lo ocurrido.
En Filadelfia hay restaurantes abiertos y otros servicios, pero el miedo de los habitantes es evidente. Los dueños de vehículos que prestan servicio público temen y se niegan a ir a esta población. Los mototaxistas también expresan miedo, pero a un buen precio se animan a recorrer los 20 minutos que demora seguir el camino hacia esta población.
En el trayecto hay dos puntos de bloqueo, con promontorios de tierra, que la gente de Filadelfia sorteó para llegar a Porvenir a fin de ayudar a los campesinos que partieron de Puerto Rico y que, según la denuncia, eran hostigados por gente vinculada a los cívicos. La mañana de ayer, el prefecto Leopoldo Fernández dijo que ordenó estas barricadas para evitar que la marcha pase.
Un grupo de campesinos custodia la casa del Alcalde de Filadelfia, quien se reunió por casi media hora con los concejales y el dirigente campesino Jorge Borobubo. El inmueble está ubicado a pocos pasos del edificio de la Alcaldía, del cual sólo quedaron escombros tras la detonación de un aparato explosivo la madrugada del domingo.
“Nos han emboscado”, asegura Aguilar al referirse a los hechos del jueves en Porvenir, e insistentemente sostiene que los campesinos movilizados desde Puerto Rico pretendían asistir a un ampliado en Filadelfia.
Consultado sobre la muerte del ingeniero Oshiro, asegura que “él murió en un choque (accidente vehicular)”, y agrega que en medio de la balacera “escapamos al río y el monte; hay 70 desaparecidos”.
Un grupo militar de élite da seguridad al Alcalde y a quienes encontraron refugio en esta población. La concejal de Puerto Rico, Isabel Chipunavi, una mujer de 34 años y con un embarazo de seis meses, relata: “Escapé por el río de las balas”, y su colega de Filadelfia, Rosolbina Aradiez, añade que “sólo por el destino estoy aquí; fue una lluvia de balas”.
Mientras que uno de los militares explica que el domingo llegó a esta población el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, y dispuso que se queden 10 efectivos para dar seguridad. “Todos querían irse, sacaron sus cosas a la puerta de sus casas por temor a que lo quemen”.
Lo que escasean son los alimentos y preparan una olla común. Borobubo acusa a la Policía de no haber detenido la violencia pese a estar en el lugar de los hechos. “(Los policías nos detuvieron tres horas para dialogar, pero nada. Buscaron tiempo para que se armen los asesinos; sólo escuchamos disparos y vimos caer a compañeros, así empezó”.
En las oficinas del Comando Departamental de la Policía, el coronel R. Nattes manifestó que “no se pudo evitar (el hecho)”, pese a los esfuerzos. Un fiscal que prefirió mantener su nombre en reserva dijo que “de constatarse esta situación, la Policía tendría responsabilidad en los sucesos”.
Mientras la Fiscalía investiga los hechos de aquella jornada, en Porvenir y Filadelfia se siente un ambiente de tensa calma.“Todos los pobladores querían irse, sacaron sus cosas a la puerta de sus casas, por temor a las quemas”
Un militar, que vigila el orden en Filadelfia.
“Nos detuvieron tres horas para dialogar, pero nada. Buscaron tiempo para que se armen los asesinos” Jorge Borobubo, dirigente campesino.