Bolivia está de luto por las muertes innecesarias de ciudadanos, que se van sumando, en la pelea desorbitada entre centralistas y autonomistas. La tozuda negativa del Presidente a cualquier diálogo sin previos condicionamientos —las conversaciones que se iniciaron el lunes se hicieron esperar demasiado—. Los reiterados desaires a la cooperación desinteresada de la Iglesia. La expropiación arbitraria del impuesto a los hidrocarburos destinado por decreto a las prefecturas para que puedan llevar a cabo proyectos de salud, educación, caminos y otras inversiones productivas. Los excesos protagonizados por los grupos del “lumpen” cívico desbocado, o por la fuerza pública mal comandada. Esto y otros errores culpables, enlutan el país y lo han hecho ingobernable. Sea dicho de paso, el Ejército no es el llamado a cumplir operativos policiales. Los jóvenes reclutas no tienen la preparación para ejecutar acciones propias de la Policía. Y por esto suelen resultar cruentos ciertos operativos que la Policía podría solucionar o moderar con menor costo humano.
Este fracaso de don Evo no se disimula con la expulsión visceral del embajador de los Estados Unidos, Philip Goldberg. Ni con la réplica tragicómica del venezolano Hugo Chávez al despedir también al Embajador de los EEUU en Caracas. Ni justifican las intolerables amenazas del caudillo caribeño, de intervenir militarmente en Bolivia si “tocan” a don Evo. ¡Pero si ya tenemos en Bolivia militares venezolanos que se permiten meter las narices en los operativos oficiales! Bien hizo el comandante de las FFAA bolivianas, general Luis Trigo, al protestar públicamente por las bravuconadas intervencionistas de Chávez. Pero el caribeño no se inmuta, y censura al general Trigo, afirmando que éste ha desobedecido a su presidente Evo Morales. ¿Será verdad, don Evo, que Ud. no está de acuerdo con las declaraciones de su general Trigo en defensa de la soberanía boliviana, cuando Ud. mismo expulsó ignominiosamente al embajador Goldberg por supuestas injerencias? Me pregunto asimismo, por qué el canciller Choquehuanca se ha cosido los labios y no pronunció ni una palabra sobre la nueva intromisión de Chávez. Ni el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, se manifestó sobre lo mismo. ¡Todos mudos obsecuentes! ¿O cómplices serviles del caudillo caribeño?
Bolivia entera llora los muertos causados por tantos desatinos. Entre éstos hay que señalar la tozudez de pretender hacernos aceptar como buena, la Constitución de La Glorieta aprobada en forma fraudulenta. Es comprensible que muchos voten por el “No” a la reelección presidencial que se contempla en esa mala caricatura de una Carta Magna. No digo nada nuevo cuando afirmo que estos errores y otros más, han conducido al embrutecimiento de la política hasta profundizar los odios y las revanchas, sean éstas por motivos raciales, políticos o sociales. De ahí la urgencia de impulsar de una vez un diálogo franco y sin ambigüedades ni palabrería vacía y petulante ni zancadillas traicioneras. Quedan todavía esperanzas —les confieso que para mí muy débiles— de que el diálogo del Gobierno con los prefectos, propuesto el lunes pero no iniciado por el viaje del Presidente al Unasur, nos dará alguna lucecita al final del túnel.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
La puerta de atrás da a la cárcel
Todo análisis político fácilmente se convierte de un intento teórico y pragmático de viabilidad institucional en un ejemplo vívido de nostálgica poesía.
El Estado de Derecho
El Estado de Derecho consiste en que los poderes del Estado actúan bajo el imperio de una Constitución. Ahí sus autoridades se rigen
Bolivia en el borde
El Sr. Chávez está haciendo lo posible por extender la crisis, incluso amenazando con intervenir militarmente en Bolivia.
Un decálogo para tomar en cuenta
En estos días en que la patria está sometida a la furia de los contrarios, una amiga mía, autoexiliada entre montañas en Canadá, me envía un mensaje que contiene diez simples premisas
La reelección presidencial
Daría la impresión de que todos los sangrientos enfrentamientos sucedidos en la semana anterior tuviesen un denominador común: el anhelo del presidente Evo Morales de hacerse reelegir como Primer Mandatario de la Nación.