La voluntad integracionista que constituyó la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en mayo, hoy se traduce en una necesidad política vital para los integrantes del bloque subcontinental. El Consejo de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur, evocando el trágico episodio del golpe fascista de Pinochet, aprobó por unanimidad la Declaración de La Moneda, sobre la situación de Bolivia ´en pos del fortalecimiento del diálogo político y la cooperación por el fortalecimiento de la seguridad ciudadana´.
El acuerdo suscrito para instalar la negociación oposición-gobierno sobre la actual crisis poniendo en marcha mesas de trabajo en Cochabamba, se debe en gran medida a la solidaridad internacional. Así, la posición de Sudamérica resulta fundamental al no admitir la balcanización de nuestro país, epicentro geopolítico del macizo andino y sus proyecciones amazónica y del Plata. El pronunciamiento de Santiago resalta por su contundencia instando a ´preservar la unidad nacional y la integridad territorial de ese país... y a rechazar cualquier intento de socavar estos principios´.
A ello se suma el decidido respaldo de Unasur al gobierno constitucional del Evo Morales; rechazo y no reconocimiento ´a cualquier situación que implique un intento de golpe civil, ruptura del orden institucional o que comprometa la integridad territorial´ de Bolivia; condena al ataque a instalaciones gubernamentales por grupos desestabilizadores, exigiendo su pronta devolución para permitir el proceso de diálogo; llamado a actores políticos y sociales para el cese inmediato de acciones de violencia, intimidación y desacato a la institucionalidad democrática y jurídica.
Otros puntos de la Declaración son: condena a la masacre de Pando, que una comisión de Unasur realice una investigación imparcial y que no quede en la impunidad; llamado al diálogo por una solución sustentable en el marco del Estado de Derecho y el orden legal; acompañamiento a la mesa de diálogo y asistencia con recursos humanos especializados. El tiempo confirmará que Unasur, en la Cumbre, ha procedido con tino no sólo diplomático sino estratégico, ratificando la vigencia de las instituciones democráticas y los derechos humanos, pilares en la construcción de un futuro de paz, prosperidad socioeconómica e integración. Sólo un hecho de pésimo gusto trató de empañar el evento: la actuación del presidente del Senado, Óscar Ortiz, denunciando al Gobierno por alentar un presunto autogolpe, con incomparable insensatez al justificar el genocidio de Porvenir, repudiado por propios y extraños.
La Declaración de La Moneda y las acciones subsecuentes marcan un inusual precedente de solidaridad internacional y regional. Se ha dado ´un paso decisivo hacia el fortalecimiento del multilateralismo y la vigencia del derecho en las relaciones internacionales para lograr un mundo multipolar, equilibrado y justo en el que prime la igualdad soberana de los estados y una cultura de paz´. Enhorabuena y que nuestros pueblos sean fieles protagonistas de ese itinerario por la efectiva superación de la crisis boliviana, contando con la iniciativa solidaria sudamericana al frenar el golpe civil-prefectural.
*Ignacio Mendoza P. es abogado y sociólogo. Primer secretario de la Asamblea Constituyente por el MAS.
Oposiciones
Otra vez hemos transitado el camino más largo para arribar al punto de partida porque, después del agravamiento del conflicto con saldos trágicos, retornamos a la noche del 10 de agosto.
El mensaje de La Moneda
La de Pando es, sin duda, una masacre, en el sentido estricto de la palabrita francesa, con perdón del galicismo y sin que importe quién la planeó ni quién la ejecutó.
Los quechuaymara son una ficción
Como agua de inundación que aumenta de a poco hasta ahogar a pacíficos rumiantes en la pampa mojeña, en el imaginario político han tomado cuerpo sofismas —razón o argumento aparente con que se defiende o persuade lo que es falso—
Kosovo y la propaganda gubernamental
Mucho se ha hablado de la independencia de Kosovo en estos últimos tiempos, pretendiendo mostrarla como un ejemplo de intervencionismo americano. Posición que raya en lo absurdo, constituyéndose en mero instrumento de propaganda.