La de Pando es, sin duda, una masacre, en el sentido estricto de la palabrita francesa, con perdón del galicismo y sin que importe quién la planeó ni quién la ejecutó.
El hecho objetivo es que otra vez se salieron con la suya los ´radicales libres´ de las dos riberas del río que dicen que las cosas se resuelven con la violencia pero no ponen el pecho y ahora Bolivia vela muertos también en el norte. Toda, gente humilde, conocida sólo por sus parientes y familiares. Ninguna autoridad, ningún dirigente. Sólo una cifra en las estadísticas. Por eso es masacre. Igual que la de la gente que el país veló antes en El Alto, Huanuni o La Calancha.
Pero todo sigue como en octubre del 2003. Digo mal. Peor que entonces, porque ahora despertaron también los demonios del racismo y la intolerancia regionales.
Otro hecho objetivo es que el desatino nacional es tan grande que espanta a los vecinos. Tanto, que se reunieron en Chile para decirlo y darnos una manito a ver si recordamos, finalmente, que por encima de nuestras diferencias políticas o sociales nuestra obligación primaria es ´preservar la unidad y la integridad territorial´ del país, porque esos son los ´fundamentos básicos de todo Estado´. Ese es un mensaje central de la Declaración de La Moneda.
Otro es que ratifica en su preámbulo el ´irrestricto respeto a la soberanía, a la no injerencia en asuntos internos, a la integridad e inviolabilidad territorial, a la democracia y sus instituciones y al irrestricto respeto a los derechos humanos´.
Moros y cristianos interpretan esa Declaración, obviamente, según su propio punto de vista e interés político. Se dirá, por ejemplo, que dice no injerencia, pero no menciona para nada a la norteamericana y tampoco a la venezolana. Que condena ´la masacre´ de Pando, como dijo el presidente Evo Morales, pero pide ´investigación imparcial´. En fin, se la puede analizar e interpretar como se quiera.
El hecho objetivo y fundamental es que los presidentes dicen que si respetamos esos principios y valores, tendremos también respeto de nuestros vecinos, pese a nuestras diferencias y alboroto. Y que si preservamos unidad e integridad territorial, seguiremos teniendo país, que es finalmente el interés supremo.
Cuando por fin gobierno y prefectos comenzaron a dialogar, esperamos que tomen en cuenta los mensajes de La Moneda como punto de referencia al fundamentar cada demanda y cada propuesta en Cochabamba.
Tal vez así tenga sentido, si es posible, la muerte de la gente en tanta masacre, porque los muertos de hoy son los muertos de siempre.
*Juan León C. es periodista.
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