Mucho se ha hablado de la independencia de Kosovo en estos últimos tiempos, pretendiendo mostrarla como un ejemplo de intervencionismo americano. Posición que raya en lo absurdo, constituyéndose en mero instrumento de propaganda.
Prestar oscuras intenciones a EEUU, deseosos de desmembrar a Serbia, no toma en cuenta el contexto histórico de las guerras de Yugoslavia. Quienes en el Gobierno mencionan tanto el tema tampoco nos explican el interés de los americanos en crear un nuevo Estado —pobre, pequeño, enclavado, sin élites dirigentes bien formadas— que necesitará vivir de la cooperación internacional durante décadas antes de poder sostenerse.
Paradójicamente, si algo podemos aprender de la historia reciente de Serbia y de Kosovo, es a lo que puede conducirnos una ideología basada en la pureza étnica y en la recuperación de imaginarias grandezas pasadas.
Kosovo formaba parte, en efecto, de la República Serbia. Sin embargo, mientras duró el comunismo en Yugoslavia, hasta finales de los años 80, dicha región gozó de una importante autonomía.
Este régimen autónomo se explica en parte porque un 90% de su población se expresa en albanés, a diferencia del resto de Serbia. La relativa autonomía que se atribuyó a esta región, dentro del Estado serbio, permitía a sus habitantes, por ejemplo, utilizar el albanés como lengua oficial en la administración y en las instituciones educativas públicas.
Con la instauración del régimen ultranacionalista de Slobodan Milosevic en Serbia, en 1989, los kosovares perdieron este trato diferenciado y empezaron a sufrir una verdadera represión cultural por parte del Estado serbio.
Las escuelas públicas pasaron a enseñar solamente en serbo-croata, al igual que la educación superior. En la administración pública se aplicó una política similar, lo que llevó a miles de funcionarios kosovares de lengua albanesa a perder sus empleos.
A medida que Yugoslavia se desintegraba en medio de guerras y masacres, la intervención del Estado Serbio en Kosovo fue cada vez más brutal y arbitraria. Esto generó diversas reacciones en la sociedad kosovar: desde la resistencia pacífica —se creó un sistema educativo clandestino en albanés— hasta la lucha armada, con la conformación del Ejército de Liberación del Kosovo (UÇK).
En 1998, Serbia inició operaciones militares de enorme envergadura para acabar con la resistencia armada. Sin embargo, las principales víctimas fueron civiles, registrándose masacres y desplazamientos de población en lo que aparecía inequívocamente como un proceso de ´limpieza étnica´.
Es necesario mencionar que la represión a los kosovares, de lengua y cultura albanesas, tuvo su fundamento en la ideología nacionalista defendida por Slobodan Milosevic. Éste afirmaba que Kosovo era la cuna de la civilización serbia, por lo que la presencia de elementos no serbios —los albaneses— constituía un problema que era necesario resolver.
Esta ideología, que podría definirse como ´nacionalismo étnico´, pretendía recrear el glorioso pasado de la Serbia medieval. Este mito anclado en el pasado fue el principal fermento de las guerras de Yugoslavia, sobre las que no es posible extendernos ahora, pero que causaron innumerables víctimas y sufrimientos sin nombre.
Fue precisamente el sufrimiento de la población civil ante la arremetida del ejército serbio lo que decidió la intervención de la comunidad internacional. Los bombardeos de la OTAN obligaron entonces a Slobodan Milosevic a retirar sus tropas de Kosovo, que pasó a ser administrado por la Organización de Naciones Unidas. La administración de la ONU duró cerca de 10 años, durante los cuales la comunidad internacional trató de dar una solución al problema de la relación entre Serbia y Kosovo. Si bien Naciones Unidas sostuvo desde el principio que Kosovo debía permanecer en Serbia, la población kosovar y sus dirigentes mantuvieron firme su deseo de independencia.
Oponerse a tal deseo, comprensible luego de tantos años de conflictos con Serbia, hubiera significado el reinicio de acciones violentas en la región, extremo que era indispensable evitar. Ojalá aprendamos la lección en Bolivia.
*Ernesto Bascopé G. es ciudadano boliviano. C.I. 2554488 La Paz
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