“Que se tolere la derrota actual por una victoria futura” Ivan Briscoe, desde Madrid, da pautas para la construcción de un acuerdo nacional, como aquella que la derrota actual puede ser la victoria del futuro.
ESPERANDO LA REUNIÓN • Cuatro prefectos opositores participan en el diálogo en busca de un pacto nacional en Cochabamba. El especialista entrevistado les hace unas sugerencias.
Ivan Briscoe es investigador de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior FRIDE, de Madrid. En esta entrevista dice cómo debería construirse un pacto en Bolivia.
¿Qué podríamos esperar del acuerdo promovido por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur)? Después de los peores días de violencia extrema que vimos antes de la reunión de Unasur, creo que la declaración marcó un hito, un punto de inflexión muy significativo, mostrando que toda la región de América del Sur va a apoyar las instituciones democráticas y la salida pacífica al conflicto en Bolivia. Vemos también cómo se ha internacionalizado la problemática interna de Bolivia y cómo sus vecinos están dispuestos a contribuir si se les convoca a hacerlo. Creo que el enfrentamiento pudo haberse mantenido y la violencia escalado aún más si los países de la región se habrían mantenido indiferentes a la solución. Pero, sin embargo, todo depende de lo que hagan los dos lados en el conflicto boliviano. Es evidente que la comunidad suramericana no tiene todavía las herramientas para realmente obligar a los dos lados a seguir un proceso de negociación. Si cualquiera de las partes explota el acuerdo solamente como una pérdida de la fortuna política de la otra parte, no creo que la comunidad suramericana ya pueda hacer más.
Si es cierto que Unasur tiene la imprenta bolivariana y de filosofía chavista, ¿cómo podríamos hacer compatible la declaración de Unasur de deseo de paz con esa filosofía? Vemos dos formas de hacer la diplomacia. El presidente Hugo Chávez juega a dos bandas regularmente y utiliza un conflicto retórico basado en gestos simbólicos en contra de Estados Unidos para movilizar sus recursos y aglutinar sus alianzas, pero al mismo tiempo consolida una relación comercial constante y periódica con Estados Unidos, y esta contradicción existe desde el primer día de gobierno de Chávez.
Se debe reconocer que Brasil es el vecino más importante que depende del gas que viene de Bolivia, que es un país que promueve la paz y que el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, juega una posición clave de pacificador. Chávez todavía no ha desarrollado un papel de pacificador. Lula está básicamente cumpliendo el papel de construcción de Brasil como el poder hegemónico regional. Y tiene toda la capacidad.
¿Escepticismo a dos bandas también? La regla número uno según varios teóricos que han tratado estos temas es la importancia de reconocer la derrota de uno mismo y la victoria del otro. Si un grupo no está dispuesto a reconocer la derrota según las reglas democráticas, entonces la democracia no puede existir. Todavía no veo este gesto en las partes del acuerdo en Bolivia. Un acuerdo tiene que emitir también señales de confianza, por ejemplo, que la ola indigenista no ha de expulsar la identidad occidental del mapa político boliviano o que las demandas de igual participación en la riqueza y el poder de los indígenas están reconocidos y no va a existir una vuelta atrás. Luego tendrían que formalizarse los temas institucionales y de último hablar de elecciones. Si se convocan elecciones antes de un preacuerdo consolidado o un mínimo de acuerdos avanzados, creo que Bolivia puede recaer en la amenaza de la guerra civil.
¿Cómo materializar el pacto? El acuerdo firmado es un excelente punto de partida. Agrupa e identifica los puntos de disputa en la actualidad boliviana, y reconoce en los dos lados la importancia de corregir los excesos de los últimos meses: la polarización propugnada por el gobierno de Evo Morales, y la amenaza secesionista de los departamentos de la media luna. También acierta en su énfasis sobre el papel moderador de la Iglesia y varios actores multilaterales, incluyendo a la Unión Europea.
Pero sería francamente ilusorio pensar que un texto de dos páginas representa a Bolivia. Hay todavía demasiada desconfianza y resentimiento, y muchos incentivos y actores en los dos lados que apuntan a una polarización política más acentuada, o una secesión. Sobre todo, sus dos bases de acuerdo, que son una negociación acerca de los nuevos procedimientos de la reforma política y judicial (la Constitución, el Padrón Electoral y el Tribunal Constitucional) y una llamada a la “convivencia pacífica”, son altamente necesarios para la disminución de los altos niveles de violencia, pero no llegan a la esencia del problemático boliviano en este momento.
¿Por qué no llegan? Una solución meramente legalista, de reto que institucional, no puede resolver las diferencias de fondo que están fomentando la crisis política boliviana desde 2003; la formación de nuevas reglas democráticas, y la constitución de una nueva comunidad política, son los cambios sustanciales imprescindibles. Es evidente desde la victoria electoral de Morales el 2005 que las normas prevalecientes de distribución de poder, riqueza e influencia en Bolivia no podían seguir intactos; que el desarrollo económico, sobre todo en la explotación de gas, necesitaba de antemano una resolución del tema de la desigualdad y la exclusión; y que el pacto de clases y etnias en el país tenía que cambiar para siempre para garantizar la legitimidad del Estado y la paz social.
¿Una nueva comunidad política? Al final de este proceso, los dos lados en disputa deberían llegar a un acuerdo en que aceptan la norma esencial de la democracia: que se tolere la derrota propia con la esperanza de una victoria futura. Que no se rebelen y protesten automáticamente contra los triunfadores. Que no digan: ellos ganaron, así que nosotros vamos a independizarnos. Creo que un elemento esencial será el cambio sustantivo mencionado. Otro será un cambio gradual en el tejido social boliviano, con el enriquecimiento de clases indígenas y la construcción de una nueva clase media multiétnica. Y tercero, y más urgentemente, se necesita un cambio en el comportamiento del Gobierno y la oposición, donde los dos dejan de lado su victimismo y miopía para abrazar un trabajo constructivo, reconociendo la necesidad de una refundación nacional, pactando concesiones, y suspendiendo la retórica más sanguinaria o anti-imperialista. Aquí la comunidad internacional, sobre todo Brasil y Argentina, jugará su papel más importante, porque pueden contribuir a la seguridad institucional de Morales mientras le avisen de los peligros de un encierro ideológico.
Se necesita un cambio, donde los dos dejan de lado su victimismo y miopía para abrazar un trabajo constructivo
El Perfil del analista
Hoja de vida • Ivan Briscoe es investigador senior de Paz, Seguridad y Derechos Humanos en la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior FRIDE, de Madrid.