La celebración del 186 aniversario de la independencia de la república de Brasil se desarrolló en La Paz con una serie de actividades culturales y un apetitoso almuerzo.
Los jardines de la residencia del embajador Frederico Cezar de Araujo, en la avenida Arce, recibieron a los invitados en un día soleado. El diplomático, junto a autoridades del gobierno nacional, izó las banderas de ambas naciones al son de la música interpretada por la banda del regimiento Colorados de Bolivia.
El coro infantil de la escuela Brasil de La Paz interpretó los himnos nacionales y entonces tomó la palabra el anfitrión. Cezar de Araujo habló de la gesta libertaria de su país, pero dedicó buena parte de su discurso para referirse a la situación política boliviana, en la que Brasil media para que prospere el diálogo. Hizo votos porque éste prospere. “Quizás me salí un poco del protocolo ordinario. Espero me lo perdonen... Creo que la mejor manera de celebrar esta fecha patria es uniéndonos en desear la reconciliación entre todos los bolivianos. Y un futuro de paz, prosperidad y unión para este querido y hermano país que nos acoge”, concluyó.
La gente se dedicó entonces a saborear los manjares de la cocina brasileña.
Sillones dispuestos en diversas esquinas invitaron a buscar el respaldo para tomar la tradicional feijoada servida en platos de barro.
A la sombra de los frondosos árboles se formaron círculos de gente que conversaban a la vez que podían escuchar la guitarra de Diego Figueiredo y la trompeta de Miguel de Araujo, dos intérpretes brasileños de bossa que participaron del Festijazz 2008.
El esfuerzo de los funcionarios de la embajada se notó en cada detalle de la decoración y la comida que fueron traídos desde Brasil. El café que hay que saborear sorbo a sorbo, la caipiriña y finos chocolates deleitaron los paladares.