La familia es la primera en discriminar al homosexual Tres miembros del colectivo Gays, Lesbianas, Bisexuales y Travestis (GLBT) relatan sus experiencias sobre discriminación homofóbica.
DIVERSIDAD SEXUAL • José Luis (izq.), Ricardo (der.) y Pamela (centro) posan en las oficinas de la Mesa de Trabajo.
Las primeras agresiones en contra de las personas con diversa orientación sexual parten del seno familiar, una experiencia que atravesaron y recogen cada día tres dirigentes del colectivo de Gays Lesbianas, Bisexuales y Travestis (GLBT), de Bolivia.
José Luis Maldonado, Ricardo Cordón y Pamela Valenzuela compartieron con La Razón las historias de sus vidas y las veces que fueron discriminados por la sociedad por no ser “normales”.
Pamela es una travesti que experimentó, según dijo, lo peor de las agresiones por su condición. Nacida como hombre, ella se vio obligada a dejar su casa a los 16 años, debido al rechazo familiar.
José Luis, universitario y activista por los derechos sexuales, no sólo tuvo que soportar el rechazo y la discriminación dentro de su hogar, sino que las agresiones se reprodujeron en el colegio y en la organización religiosa de su madre. En tanto que Ricardo conoce de cerca la reacción adversa de los miembros de Policía, quienes —afirmó— no sólo los extorsionan e insultan, sino que ejercen la violencia física. Los tres son parte de la denominada Mesta de Trabajo Departamental La Paz, de apoyo a los GBLT y en contra de la homofobia.
José Luis, Ricardo y Pamela relatan sus historias
Mi familia estuvo influenciada por los evangélicos • (José Luis) “La discriminación la he vivido, en principio, en mi familia, donde no encaja el concepto de gay. En mi familia estuve influenciado por los grupos evangélicos. Éstos no toleran ni permiten las diversidades sexuales. Posteriormente, fui discriminado en los centros educativos, principalmente en los colegios. Como ya dije antes, uno no entra en los estereotipos de la sociedad. Allí fueron los profesores los que fomentaron la discriminación. Yo me hice público a los 16 años. Descubrí que lo primero que debemos hacer es aceptarnos nosotros mismos. Como yo no me aceptaba, fue complicado. Tuve que lidiar con mis compañeros, mi familia... más que todo hacían burla. También fui agredido por dos compañeros que más tarde descubrimos que eran gays, pero que no se aceptaban a sí mismos. Cuando me pongo al frente para defender a mis compañeros me calumnian, amenazan... y encima debemos aguantar el doble discurso de la sociedad”.
Fui arrestado por andar de la mano con mi pareja • (Ricardo) “Yo soy líder activista del colectivo en La Paz. La mayor parte de la discriminación la he sufrido en el colegio. Siempre me molestaban porque era un poco diferente, incluso los amigos. Ya que no practicaba los mismos deportes que los demás o por otras cosas, la gente comenzó a cuestionarme. Antes, el estigma era que te llamen “mariquita”, “maricón”. Por suerte, no he detectado tanta discriminación en las universidades. Lo que sí he visto y he sufrido fue por parte de la Policía. Antes era terrible que vean a dos hombres de la mano o que se muevan de forma diferente. Te arrestaban por falta a la moral en lugares públicos. Eso me pasó a mí hace unos 20 años atrás; estaba con un amigo de la mano y nos quisieron llevar presos; nos extorsionaron, incluso nos pegaron. El objetivo era sacarnos plata y pegarnos. Y en ese tiempo no teníamos dónde acudir. La Policía era la que más abusaba de nosotros, ya que aprovecha que tiene un uniforme. Por fortuna que ahora hay instituciones en favor de los derechos humanos”.
Tuve que salir de mi casa a los 16 años de edad • (Pamela) “En mi caso la discriminación y vulneración de mis derechos ha sido mucho más fuerte, por el hecho mismo de haber cambiado mi identidad de género, ya que adopté la ropa, comportamiento y formas de pensar de una mujer, las 24 horas del día. Desde muy pequeña era muy afeminada. Allí comenzó la discriminación por la familia; salí de mi casa a los 16 años. En el colegio me molestaban porque era muy afeminada. Cuando dejé el colegio tuve que travestirme de manera completa; yo ya no podía con mi forma masculina. En ese entonces (20 años atrás), no había un espacio en el cual pudiera conseguir trabajo, por lo que tuve que dedicarme al trabajo sexual. 90 por ciento de mis compañeras travestis ejercen el trabajo sexual, son muy pocas las que pueden ejercer otro oficio y sólo una es médica. Los principales agresores son la Policía y los vándalos. Hace años, por sólo vernos vestidas así nos arrestaban y permanecíamos cinco días incomunicadas”.