Cada 21 de septiembre se celebra el Día del Médico Boliviano. Esta conmemoración fue instaurada en 1966 a sugerencia del Dr. Prof. José María Alvarado, en el II Congreso Médico Sindical realizado en la ciudad de Cochabamba. Desde entonces, se recuerda a todos los galenos nacionales en dicha fecha, pero lo más importante es que se realza la labor humana que los médicos desarrollan a diario, simplemente, por seguir la ruta de su vocación.
El trabajo médico, para ser lo que es hoy, ha tenido que pasar por una serie de cambios desde épocas muy remotas, en las que los sacerdotes de varias culturas eran quienes tenían el privilegio de tratar a las personas a base de hierbas, pigmentos, untos y variadas pócimas que han sido, en muchos casos, fundamentos elementales de terapias actuales. La cirugía también ha sufrido cambios en la historia; ha beneficiado a la humanidad, desde las trepanaciones de los antiguos egipcios hasta llegar a la cirugía robótica con sofisticados equipos tecnológicos.
Sin embargo, el médico sigue siendo un ser humano, lleno de sentimientos y conocimientos, cuyo fin es llegar a un diagnóstico preciso y tomar decisiones inequívocas y tratamientos efectivos. Si el arte de curar fuese perfecto, la profesión se enfrascaría en prescripciones, cual “recetas de cocina”, que sean infalibles y que otorguen al paciente la eterna “buena salud”.
Pese a los constantes esfuerzos porque esto ocurra y que se eliminen por completo las enfermedades, tenemos que saber que Dios, por sobre todas las cosas, es quien tiene la potestad de tomar la última palabra sobre nuestras vidas.
Así es que esta profesión, en el siglo XX, pasó de ser cuestionada a admirada y de admirada a cuestionada nuevamente, porque el ser humano no acepta la derrota y tampoco coincide con que aún continúan existiendo enfermedades sin cura y procedimientos que fallan, pese a los grandes avances de la Medicina.
De las universidades nacionales egresan anualmente cerca de 800 médicos, la mayoría de los cuales, por algún tipo de desorganización de las políticas estatales, deambulan por mucho tiempo en busca de un puesto de trabajo seguro y estable, a pesar de que Bolivia cuenta con una tasa de médicos por habitantes muy lejos de las expectativas mundiales. Si tomamos en cuenta que en el país existe un médico por cada 3.000 habitantes y que lo óptimo, según la Organización Mundial de la Salud, es contar con uno por cada 1.000; entonces, realmente tenemos un serio problema de planificación de nuestros recursos humanos calificados.
Pese a todo, Bolivia produce médicos de excelencia y, para los que estamos inmersos en esta profesión, es un honor practicarla en nuestra tierra.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra y docente universitario.
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