La comunidad internacional sigue siendo engañada en su buena fe por Evo Morales, con la ficción de que es el primer indio que ejerce la Presidencia de Bolivia. En realidad, es un mestizo, como la mayoría de los bolivianos (62 por ciento).
La otra farsa con la que encandila al mundo es que se atribuye ser un ferviente demócrata, cuando es un autócrata megalómano. En un discurso admitió que comete ilegalidades y con un decreto declaró “patrimonio nacional” la casa donde habría nacido en el campo, en Orinoca.
Incautos de las clases media y alta que votaron por él en las elecciones del 2005, creyendo que democráticamente cambiaría al país. Pero no fue así, más bien lo que hizo es dividir a los bolivianos y estimular las diferencias raciales.
Gasta discrecionalmente los recursos del país y no informa sobre lo que hace con los elevados ingresos que recibe el Estado por la exportación de gas natural, que es obra del “neoliberalismo”. (Chile creó un fondo de estabilización con los recursos excedentes del cobre).
El año pasado, en dos reuniones con sus partidarios, le observaron que no había coordinación en el Gobierno, en tanto que la empresa privada sostiene que no existe gestión administrativa. Morales delega esta tarea a algunos de sus ministros, mientras él se pasa el tiempo viajando en un helicóptero venezolano, comprando conciencias y adhesiones con cheques que dice son regalos de Hugo Chávez.
El ingreso por las exportaciones del 2007 ascendió a 4.780,1 millones de dólares, por el excepcional crecimiento de los precios del gas y de otros productos en los mercados internacionales; en 1992 y 1993 los ingresos apenas fueron de 741 millones y de 786 millones de dólares, respectivamente. Tal era la pobreza del país. En cambio, ahora el Gobierno se da el lujo de estatizar ex empresas públicas, pagando decenas y hasta centenas de millones de dólares, nada más que por satisfacer su ego de “nacionalizador”.
No hubo la pregonada “nacionalización” de las empresas petroleras, se trató de firmar nuevos contratos e imponerles un elevado aumento de impuestos. En represalia, dejaron de invertir, por lo que ahora hay déficit de producción para el consumo interno y la exportación.
En lo político, el escándalo mayor es que sus adeptos aprobaron una Constitución espuria e inspirada en el anacronismo, con la que Morales pretende la reelección indefinida, entre otras desmesuras. Destruyó la institucionalidad del Estado, empezando por eliminar al Tribunal Constitucional. Con un gran fraude se impuso en el referéndum revocatorio. Sin pudor alguno, por ser el líder de los productores de coca —materia prima de la cocaína—, autorizó el aumento de la producción de la hoja, por lo que en Bolivia actualmente se produce la droga como nunca.
*Alberto Zuazo N. es periodista.
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