Los recientes eventos de la crisis hipotecaria de Estados Unidos, que revolcaron a todas las economías del mundo, confirman una frase de mi amiga Myriam Gutiérrez: “Los regímenes capitalistas se ahogan en su avidez, mientras los socialistas se atragantan con el poder”. Es difícil de creer que la apresurada ‘solución’ del gobierno norteamericano haya sido precisamente la nacionalización socialista de los bancos insignia del capitalismo, ante el reconocimiento de que el “laissez faire” en el que operaban como ruedas sueltas —acaparando créditos billonarios con garantías ‘chutas’— los llevó a la autodestrucción. Como lo afirmó con gran acierto el columnista Gonzalo Chávez: “Nacionalizar Wall Street, como forma de solución, es una derrota moral para los fundamentalistas del mercado”.
Por otro lado, vemos de manera patente el fracaso de los regímenes socialistas ortodoxos. Cuba, país agrícola por excelencia, no se puede alimentar a sí misma mediante la colectivización campesina. Los análisis apuntan a que tiene que importar —gastando escasas divisas esenciales— dos de cada tres calorías consumidas por su población. Si Cuba no hubiera liberado el turismo a la economía de mercado, se vería en aprietos para alimentarse. El poder estructurado alrededor de una ideología que va en contra de la naturaleza humana, tuvo que sacrificar ese aspecto del socialismo para garantizar la sobrevivencia del régimen. La famosa frase del ‘Che’ de: “Si no hay café para todos, no hay café para nadie”, llevó a la hambruna, a medida que la producción azucarera se iba sacrificando en el altar del comunismo. Después de haber dirigido la siembra de 20 millones de pinos, me sentí con la autoridad para criticar constructivamente a una brigada de universitarios insolados que sembraban arbolitos escuálidos, con las raíces desnudas y quemadas por el sol... El comandante me espetó: “¡Quién te dijo chico que ejtamos sembrando pinoj!”. En el socialismo, la revolución ideológica hacia el poder, siempre es más importante que la comida, el bienestar o la ecología.
Ante la aparente enfermedad del líder norcoreano Kim Jong-il, semi-dios que heredó el poder de su padre, su más seguro sucesor actual es su cuñado, ante la ausencia de hijos viables. Mao fue sucedido por el ‘clan de los cuatro’ dirigido por su esposa y Fidel por su hermano, entre muchos otros. Los países socialistas más recalcitrantes, enmascaran sus monarquías absolutas con la ‘democracia popular’.
La solución al acertijo parecería ser sencilla: se asemeja a ‘recorrer la cuerda floja en monociclo’. Se requiere una democracia colectiva y participativa como la brasilera o la chilena, que estimulan y controlan la energía de la economía de mercado, a tiempo que distribuyen su plusvalía con mucha equidad y poca corrupción. ¿No seremos capaces?
*Jorge Zapp es consultor internacional.
La firma que no fue
Antes que nada, ¡ya era hora de la negociación y de dejar atrás el cuento del diálogo! Aunque sea difícil negociar con presión —como siempre dijo el Gobierno— es un paso adelante.
Rescate con dolor
El Congreso de EEUU se dispone a aprobar el plan de rescate del sistema financiero americano, calculado en $us 700.000 millones, después del crispado llamamiento del presidente George W. Bush al país —y a los diputados reticentes de ambos bandos—
Los acuerdos nacionales de 1992
Ante la nueva parálisis que se ha producido en el diálogo abierto en Cochabamba, puede ser de utilidad recordar aquellos otros acuerdos nacionales que, con el nombre de Mariscal Andrés de Santa Cruz, alcanzó el incipiente sistema democrático boliviano el 9 de julio de 1992.
El gran embuste
Todos los bolivianos sabíamos que los famosos “movimientos sociales” no eran sino milicias financiadas por el gobierno del MAS, que a una orden de Evo Morales avanzaban o se replegaban, obedientes con el jefe.