Tengo serias dudas sobre el diálogo, el problema es que las posiciones son incompatibles. Eso no quiere decir que los bolivianos no nos podamos reconciliar, sino que simplemente mientras se quiera hacer el “cambio” a la manera propuesta por el Gobierno, es responsabilidad de la oposición utilizar todos los mecanismos legales para evitarlo. Pedirle a Evo Morales o al MAS que renuncien a su “revolución” parece ser un extremo, sobre todo si se toman en cuenta sus éxitos en las urnas. Los masistas deben sentir que hasta tienen la obligación de hacerla porque ese voto podría ser interpretado como un mandato del pueblo. Visto así el panorama, sólo podríamos esperar a que los negros nubarrones que se acumulan sobre nuestras cabezas se conviertan en tormentas de fuego; y sin embargo, si el MAS repensara su posición, tal vez se presentaría una gran oportunidad para el país y para el mismo líder del “cambio”. Me refiero a que este Gobierno puede hacer, sin cambiar una coma de la Constitución actual ni de la Ley INRA, sin modificar la institucionalización que se hizo durante los 22 años de democracia previos a la asunción al poder del flamante Doctor Honoris Causa, la más grande de las diferencias en cuanto al progreso del país y a la inclusión social; y de paso, puede castigar a los sinvergüenzas que contribuyeron al envilecimiento del Estado. Estamos hablando de la enorme cantidad de dinero con que cuenta el Gobierno, y de la enorme cantidad de recursos que están circulando hoy por hoy en el mercado nacional. Si el doctor Evo se dedicara a hacer Estado, si pusiera las cosas en orden e hiciera cumplir la ley a propios y ajenos, con la popularidad que tiene, con el espíritu estatizante que le caracteriza y que sintoniza con el de la mayoría de sus gobernados, tendría no sólo un sitial de honor garantizado en la historia, sino grandes oportunidades de reelección (luego de un término). La coyuntura de los precios internacionales y su voluntad política, amén del factor Chávez, han permitido a Evo ganar un gran partido a favor de Bolivia; administrar esta victoria sin aspavientos y con gran responsabilidad, podría significar para los bolivianos un cambio mucho más profundo que la “revolución cultural” del MAS. Se trata de dar las mayores oportunidades posibles a los más desposeídos; sobre eso no hay objeción. Y se trata de hacer cumplir la ley a todos, ante todo a los que más tienen, pero no empezando por los enemigos políticos, sino siguiendo el alfabeto y empezando en la “a” y no en la “m”. Bolivia necesita un cambio a gritos, no necesariamente un cambio hacia el socialismo del siglo pasado. Necesita un cambio ético y, pese al tiempo perdido, este Gobierno y nuestro nuevo “Honoris Causa” aún están a tiempo de convertirse en sus protagonistas.
La ciudad sitiada
Los cruceños se quedaron sin fiesta, salvo en el Plan Tres Mil, núcleo de inmigrantes y burbuja política del MAS, en donde, paradójicamente, los advenedizos procedentes del occidente adoptaron muchos de los hábitos del oriente que los ha acogido.
Dos países parecidos
Bolivia y Estados Unidos están a punto de romper relaciones, formalmente, pero son países que se parecen mucho.
Doctor Morales
N o, estimado lector. No me refiero al prestigioso economista, el doctor Juan Antonio Morales Anaya, distinguido colega académico que desde hace años enseña en la Universidad Católica Boliviana y que fue presidente del Banco Central de Bolivia. Me refiero al presidente de la República, don Juan Evo Morales Ayma, que ha sido nombrado Doctor Honoris Causa por una universidad panameña, en reconocimiento a ser el primer Presidente indígena elegido en la República de Bolivia.
Un desatinado ajuste de cuentas
Cuando el 17 de octubre propusimos la Asamblea Constituyente como el camino para el cambio de un modelo histórico agotado, lo que vislumbrábamos era la necesidad de un nuevo pacto social que naciera de la voluntad popular y que nos expresara a todos.
Autonomías y Constitución
El vicepresidente García Linera denunció que los prefectos están metiendo de contrabando en el diálogo el debate sobre la reforma constitucional. Calificó a esa actitud de chacota.