N o, estimado lector. No me refiero al prestigioso economista, el doctor Juan Antonio Morales Anaya, distinguido colega académico que desde hace años enseña en la Universidad Católica Boliviana y que fue presidente del Banco Central de Bolivia. Me refiero al presidente de la República, don Juan Evo Morales Ayma, que ha sido nombrado Doctor Honoris Causa por una universidad panameña, en reconocimiento a ser el primer Presidente indígena elegido en la República de Bolivia. Por lo tanto, excelentísimo señor Presidente, don Juan Evo Morales Ayma, Doctor Honoris Causa, ahora que usted ha merecido este reconocimiento académico y que, además, por otras razones, su nombre está presente en casi todos los titulares de los periódicos y medios de comunicación internacionales, me permito decirle que el mundo entero estará pendiente de sus acciones y sus decisiones, por lo que es sumamente importante que éstas —todas éstas— necesariamente se ajusten al marco de la legalidad y de todos los principios democráticos universalmente aceptados. Por esta razón es que creo, señor Presidente, que usted no debe ni puede permitir o aceptar que grupos de campesinos armados se den a la tarea de cercar ciudades, obstruir el paso entre las regiones del país, efectuar actos de amedrentamiento y, sobre todo, presionar con amenazas de violencia al Congreso Nacional, porque estas acciones, además de ser totalmente inconstitucionales, son antidemocráticas —por donde uno las vea— así éstas favorezcan a su propia lucha ideológica y a sus deseos partidarios inmediatos. Por otra parte, creo también, señor Presidente, que, después de haber ganado las elecciones con una decidida mayoría absoluta y un referéndum revocatorio que le dio una apabullante votación ciudadana, ha llegado el momento en que usted pueda demostrar toda su magnanimidad, su generosidad, su tolerancia y su comprensión con todos aquellos que no comulgan con sus ideas políticas y que, sin embargo, se encuentran desesperados por buscar reglas que les permitirían una convivencia pacífica dentro del país También me permito decirle, señor Presidente, que, por favor, no se equivoque. No son momentos de imponer decisiones por la fuerza, a pesar de que usted cuenta con el apoyo de la mayoría de la población. Esto no funciona así. La fuerza que tiene ahora debe ser utilizada, sobre todo, para buscar la concertación y el consenso con la mitad o una parte geográfica o poblacional importante del país. Los dos tercios de la votación que usted obtuvo en el referéndum revocatorio no significan el resultado de una justa electoral, donde al otro lado de la palestra existe o pueda existir un oponente de iguales o superiores condiciones políticas. Por otro lado, señor Presidente, es importante recordar que el poder es efímero. Y esto es lo que los políticos nunca quieren entender. Si no, basta con buscar la historia reciente de Bolivia para encontrar, por ejemplo, cómo el presidente Mesa perdió su silla presidencial, a pesar del alto porcentaje de apoyo popular con el que contaba y que algunos analistas están en condiciones de asegurar que se trataba de un 75 por ciento, basándose en algunas encuestas de intención de voto. En particular, señor Presidente, le pedimos muy encarecidamente que sea paciente y tolerante con las observaciones que tiene una parte importante del país en su proyecto de Constitución Política del Estado. Por favor, recuerde que no todos estamos en la obligación de aceptar sus ideas políticas y las de sus correligionarios. Por lo tanto, no me parece justo que trate de limitar el tiempo de análisis de dicho proyecto a horas o días, porque, de hecho, simplemente, lo estaríamos haciendo inviable. Si queremos una Constitución que perdure en el tiempo, los conceptos que en ella se inscriban deben servir para todas las ideas de los bolivianos. De otra manera, la estaríamos condenando a que muera antes de poder darla a luz. Y, si lo hacemos a la fuerza, ocurrirá lo que siempre ocurre: vendrá la violencia. Para esto, basta ver lo que sucede actualmente en el mundo. Señor Presidente, le pedimos que, por favor, sea un instrumento de la paz.
La ciudad sitiada
Los cruceños se quedaron sin fiesta, salvo en el Plan Tres Mil, núcleo de inmigrantes y burbuja política del MAS, en donde, paradójicamente, los advenedizos procedentes del occidente adoptaron muchos de los hábitos del oriente que los ha acogido.
Dos países parecidos
Bolivia y Estados Unidos están a punto de romper relaciones, formalmente, pero son países que se parecen mucho.
A favor del cambio
Tengo serias dudas sobre el diálogo, el problema es que las posiciones son incompatibles. Eso no quiere decir que los bolivianos no nos podamos reconciliar, sino que simplemente mientras se quiera hacer el “cambio” a la manera propuesta por el Gobierno, es responsabilidad de la oposición utilizar todos los mecanismos legales para evitarlo.
Un desatinado ajuste de cuentas
Cuando el 17 de octubre propusimos la Asamblea Constituyente como el camino para el cambio de un modelo histórico agotado, lo que vislumbrábamos era la necesidad de un nuevo pacto social que naciera de la voluntad popular y que nos expresara a todos.
Autonomías y Constitución
El vicepresidente García Linera denunció que los prefectos están metiendo de contrabando en el diálogo el debate sobre la reforma constitucional. Calificó a esa actitud de chacota.