Ecuador llevará a cabo hoy el referéndum para aprobar o rechazar el proyecto de Constitución que fue aprobado por la Asamblea Constituyente, norma con tinte socialista que permite al presidente Rafael Correa ser reelecto hasta el 2017 y que amplía las facultades de su primer mandatario y del Estado. El nuevo texto constitucional —calificado como una última opción para un cambio pacífico en Ecuador, por Correa, y como un “mamotreto” que busca perpetuar a su presidente en el poder, según el ex presidente Lucio Gutiérrez—, fue cuestionado no sólo por la oposición respecto al poder que tendrá el Jefe de Estado, sino también por la Iglesia Católica en los puntos referidos al respeto a la vida y al matrimonio. Este texto, constitucional, además, es resistido en Guayaquil. Algunas notas informativas comparan a esta oposición como al departamento de Santa Cruz, en Bolivia. Observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Unión Europea (UE) llegaron hasta Ecuador en calidad de observadores, ante las denuncias de posible fraude del oficialismo lanzadas por representantes de la oposición. El contenido del proyecto de Constitución Política del Estado de Ecuador, aprobada el 25 de julio de este año por los constituyentes, es observado por la oposición por el poder que se le otorga a Correa y por la posibilidad que se le abre para ser reelecto por dos períodos consecutivos de cuatro años. Si se aprueba la nueva norma, todos los poderes se disuelven para luego ser electos en el marco de la flamante Carta Magna. Uno de los artículos resistidos por las facultades que se le da al Presidente es el número 148, que estipula “la Presidenta o Presidente de la República podrá disolver la Asamblea Nacional cuando, a su juicio, ésta se hubiera arrogado funciones que no le competan constitucionalmente, previo dictamen favorable de la Corte Constitucional; o si de forma reiterada e injustificada obstruye la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo”. Por otra parte, la actual Constitución que consagra un modelo social de mercado es sustituido en el proyecto de Carta Magna por “un sistema económico social y solidario” que “reconoce al ser humano como sujeto y fin; propende a una relación dinámica y equilibrada entre sociedad, Estado y mercado (...) que posibiliten el buen vivir”, según reporta AFP. El Estado, según la propuesta de los constituyentes, tendrá la facultad de regular y planificar el desarrollo del país, y reconocerá varios tipos de propiedad: pública, privada, comunitaria, estatal, asociativa, cooperativa y mixta. Paralelamente, se creará el quinto poder del Estado, el que tendrá la función de transparencia y de control social a las gestiones que se realicen. Este proyecto de Constitución también generó roces con la Iglesia Católica, que la rechaza por dejar la puerta abierta al aborto y matrimonio gay. Si bien el proyecto apunta que “el matrimonio es la unión entre hombre y mujer”, los prelados tienen dudas porque agrega que “la unión estable y monogámica entre dos personas libres de vínculo matrimonial (...) generará los mismos derechos y obligaciones que tienen las familias constituidas mediante matrimonio”. Asimismo, ponen reparos al derecho “a decidir cuándo y cuántos hijas e hijos tener”, mientras que el Gobierno enfatiza que “el Estado reconocerá y garantizará la vida, incluido el cuidado y protección desde la concepción”, reportó AFP. Otro punto destacado es el referido a relaciones internacionales que rechaza “el establecimiento de bases militares extranjeras” en el país, confirmando la posición del Ejecutivo de que no renovará el acuerdo que desde 1999 permite a EEUU el uso de una instalación ecuatoriana.
Apunta al socialismo que buscan La Paz y Caracas
El proyecto de nueva Constitución, que los ecuatorianos votarán hoy en consulta, es una de las piedras angulares con las que el presidente Rafael Correa quiere llevar adelante el socialismo del siglo XXI, senda por la que también van Bolivia y Venezuela. Aunque con diferencias en cada país, los tres gobiernos han seguido casi la misma ruta para impulsar el modelo del socialismo del siglo XXI con la intención de dejar enterrado al neoliberalismo que gobernó la región por décadas. Pero poner fin a lo que el ecuatoriano llama “la larga y triste noche neoliberal”, ha supuesto polémica, violencia y la polarización con sectores que se oponen a cambios radicales. Los procesos constituyentes en los tres países han surgido con grandes apoyos populares, que han facilitado la integración de mayorías oficialistas en la elaboración de los cuerpos legales. Correa, así como su homólogo boliviano Evo Morales y el venezolano Hugo Chávez, han estado sometidos a fuertes críticas de los opositores, también radicalizados ante las transformaciones propuestas por los mentores del nuevo socialismo. Tanto Morales como Chávez han debido superar momentos de crisis políticas con los opositores de derecha, que advierten una vuelta a esquemas de gobierno fracasados en el pasado. Correa asegura que se requiere de un cambio “profundo, radical y rápido”, basado en una “revolución ciudadana” que, para él, se presenta como “la última oportunidad pacífica” para cambiar la historia de injusticia. Quito, EFE