El país vuelve a darse una oportunidad de encontrar una salida concertada a la crisis política que lo ha puesto al borde del abismo. El presidente de la República, Evo Morales, se reunirá este domingo con los prefectos de los departamentos opositores, en una cita que se anuncia como crucial para lograr un desarme de las partes en este conflicto o, definitivamente, ahondar sus diferencias.
Cuando la irracionalidad parecía que volvería a imponerse, después de largos meses de zozobra tanto dentro como fuera del país, el viernes se abrió una nueva esperanza para quienes confían en que, al final de este oscuro túnel, se imponga la cordura y la paz por sobre los intereses mezquinos y radicales.
Las mesas técnicas del diálogo instalado en Cochabamba dieron importantes señales de
entendimiento durante sus jornadas de trabajo. Sin embargo, los avances que consiguieron en torno a temas tan complicados como el de las autonomías y el IDH, no fueron suficientes.
La declaratoria de estado de sitio en Pando y las posteriores detenciones no cayeron bien en la oposición, lo cual provocó mayor tirantez y la negociación de la mesa central del diálogo estuvo a punto de romperse.
Los dificultosos intentos de acercamientos se desarrollaron en medio de una tensa calma que podría quebrarse en cualquier momento, principalmente si se concreta la marcha de Caracollo a La Paz anunciada por los movimientos sociales ligados al MAS con el objetivo de cercar al Congreso Nacional y presionarlo a aprobar la ley de convocatoria al referéndum constitucional.
Los bolivianos, entretanto, miran azorados este espectáculo en el que los líderes políticos, cívicos y sindicales se posicionan en sus trincheras, sin dar muestras de generosidad con la patria.
La falta de entendimiento interno y, sobre todo, los trágicos sucesos de Porvenir obligaron a la comunidad internacional a intervenir en la crisis boliviana, ante el temor de que la situación se tornase incontrolable para el gobierno de Evo Morales.
Las muestras de voluntad, tanto de parte del Poder Ejecutivo como de los prefectos opositores, debe ahora concretarse en un Gran Acuerdo Nacional. Ese es el anhelo de los verdaderos demócratas de este país.