Las comunidades de la calle surgen en tres ciudades Impulsados por la clefa, el thinner y el alcohol, familias enteras deambulan en grupos por las venas de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Los bebés son iniciados en la adicción por sus madres; los niños se dedican al robo.
GRUPOS NÓMADAS • La imagen de archivo muestra a un grupo de adictos a la clefa en el pasaje Núñez del Prado, en pleno centro paceño. Ahora deambulan por la zona de Miraflores.
Familias enteras conformadas en las calles bajo el manto de la adicción a la clefa, el thinner y el alcohol deambulan por las venas de las ciudades de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Más que simples grupos, son comunidades móviles que manejan códigos propios entre sus miembros.
Cleferos, en La Paz; polillas, en Cochabamba y palomillos, en Santa Cruz, “son grupos nómadas, familias grandes que se estacionan en un lugar, pero cuando perciben que hay peligro, van moviéndose de un lado a otro. Siempre están juntos para protegerse: son comunidades y forman sus propias ciudadelas”, explicó Marco Antonio Girá, director de la Defensoría de la Niñez de la ciudad de La Paz.
En La Paz se los halla en Cotahuma, en los alrededores de la plaza Garita de Lima; en el bosquecillo de Pura Pura y Miraflores.
En Cochabamba están en inmediaciones de la Coronilla, la plazuela San Sebastián, Villa Loreto, Cerro Verde y la avenida Rubén Darío, entre otros.
En Santa Cruz, entre tanto, se los encuentra en la avenida Cañoto y en las calles cercanas a los centros de abasto de la capital oriental.
Para solventar su adicción y para alimentarse, los adultos, niños y adolescentes que forman estas comunidades nómadas se ven obligados a mendigar y a cometer robos en las calles. Lo hacen, normalmente, en grupos.
En Santa Cruz, los palomillos se ubican en los semáforos de las rotondas de los barrios populosos. Una vez allí, proceden a robar a los pasajeros de los coches.
Los recién nacidos son los más vulnerables. Las probabilidades de que lleguen al primer año de vida es mínima debido a la mala alimentación. Algunas madres incluso los inician en la adicción haciéndoles inhalar clefa para mitigar el hambre.
Por lo general, hay un líder en el grupo, “existe una jerarquía en los grupos. El más antiguo es el jefe que a cambio de proteger a los más pequeños les obliga a conseguir alimentos, estimulantes y droga”, manifestó Girá.
Así lo confirmó Ruddy Asturizaga, subadministrador del supermercado Ketal de Miraflores, quien contó que, cuando los cleferos fueron evacuados del pasaje Núñez del Prado, se fueron a la avenida Busch. “Las ventas bajaron porque estas personas asustaban a los clientes e incluso les robaban sus compras”, dijo.
Cuando Asturizaga intentó hablar con uno de ellos, éste le aseguró que un tal Rambo, su jefe, los había enviado a ese lugar.
Hace aproximadamente un mes, la Policía halló los cadáveres de tres indigentes que fueron asesinados. Según los uniformados, los crímenes son cometidos por los mismos miembros del grupo, cuando uno de ellos no quiere compartir lo que robó con el resto de sus compañeros.
Respecto a las mujeres, Claudia Gonzales, directora de la Fundación de niños Alalay, explicó que las adolescentes están constantemente cambiando de parejas para evitar agresiones de otras personas. “Cuando terminan con una pareja, a los pocos días ya tienen otra, es porque necesitan protección”, dijo.
A las comunidades se suman, niños y adolescentes que escapan de sus hogares. “Salen de sus hogares, por ejemplo, escapando del maltrato físico y luego forman nuevas familias con las personas de viven allí”, contó Girá.
Este drama que se vive en los tres departamentos encuentra al Estado —que financia pocos hogares de acogida— sin los recursos económicos y sin la infraestructura necesaria para rehabilitar a los adictos.
“El más antiguo del grupo, a cambio de proteger a los más pequeños, les obliga a conseguir alimentos y droga”. Marco A. Girá.