El Estado no tiene la capacidad económica y técnica para atender a los niños que viven en las calles y que son presa de estimulantes como la clefa y el thinner.
“La inversión de estos niños es realmente alta. No olvidemos que enfrentamos un problema de consumo a veces crónico no sólo de inhalantes sino de otro tipo de drogas”, informó Marco Antonio Girá, director de la Defensoría de la Niñez de La Paz.
“El problema es que el Estado no hace una gran inversión. Da seis bolivianos por cada niño que vive en un centro de acogimiento. Con ese monto el menor tiene que alimentarse cuatro veces al día. Además, con un niño adicto el monto tendría que triplicarse y no hay los recursos”, aclaró Girá.
Según la autoridad, tampoco hay infraestructura ni personal especializado para atender a los muchachos que son rescatados de la calle y que consumen clefa.
Hernán Ayzama, director de la Unidad de Justicia Juvenil, Rehabilitación y Apoyo Educativo, del Sedeges (Cochabamba), dijo que “los centros de acogida fallan: el personal no está bien capacitado, la infraestructura es deficitaria. No tenemos condiciones para rehabilitarlos”.