MC, breakdance, DJ y graffitis se unieron en El Martadero de Cochabamba para celebrar la Batalla de los gallos de Red Bull.
Texto: Miguel Vargas S. Fotos: Patricio Crooker
La noche bulle en pantalones anchos, polerones y gorras. En torno al escenario, una multitud de seguidores del movimiento hip hop acompaña con el pendular de cuello y hombros el ritmo que marca el DJ y esperan el ataque de uno de los competidores. “¡En la Batalla de los gallos no eres más que un cubito Maggi!”, exclama uno de los ocho MC que participan en la final.
El Martadero de la ciudad de Cochabamba se llena de luces, rap y graderías con un público que va a recibir a los máximos exponentes del hip hop boliviano.
Si hace un par de años el arte del MC (Master of Ceremony), del DJ (Disk Jockey), el breakdance y el graffiti causaban asombro e incluso espanto a su arribo en el país, hoy este movimiento se ha consolidado y busca el reconocimiento social como arte urbano.
Como comenta Sdenka Suxo Cadena, una de las principales impulsoras de esta cultura, el espíritu underground y la vivencia en la calle han sido el caldo de cultivo de estas expresiones. Hoy el reto es distinto: los hip hoperos bolivianos tienen programas de radio y televisión, dan espectáculos, graban discos y están en concursos internacionales. Un ejemplo, la elección del campeón nacional para la Batalla de los gallos de Red Bull, que se celebrará el 25 de octubre en México.
El duelo de las rimas Cuatro elementos son la base del hip hop. Por un lado está el DJing, que consiste en la creación de música para experimentar con sonidos como los que producen los discos de vinilo al detener o acelerar su recorrido en un tornamesa (técnica conocida como turntablism). Le sigue el breakdancing o Bboying, donde los bailarines destacan por los giros y piruetas en el suelo. El tercer elemento es el graffiti, pintura con aerosol que utiliza los muros de espacios públicos como lienzo. Finalmente está el MCing o rapping (rapear), el arte de rimar sobre una base rítmica.
En este último elemento es que se concentra la competencia de Red Bull. Los participantes, provenientes de La Paz, Santa cruz, Cochabamba y Sucre, tienen un minuto para atacar con rimas a su oponente, quien tendrá 60 segundos para responder. Un jurado evaluará los desempeños.
Cerca del escenario está Raper One, el reconocido MC peruano integrante de Radikal People, quien debe juzgar a los finalistas. “Es vital la capacidad de reacción, siempre es importante cómo respondes al ataque. Eso es lo que se va a medir. No importa tanto lo que digas al principio, sino cómo respondes. Se va a tomar en cuenta la fluidez y la lírica con conciencia. Y si se tiene que insultar y maltratar, tiene que ser con base e inteligencia”.
Hace cuatro años que Raper One vino por primera vez a nuestro país. “El hip hop boliviano ha crecido un montón. Antes era la movida bastante pequeña, pero ahora hay mucha proyección”, explica antes de soltar su rima: “Me piden rimas/ lo hago de corazón/ aquí rapeando con mi pana de La Razón/ los muchachos están probando el microphone/ el Raper One siempre con la mente en on/ prendida, tú sabes en esto, yo tengo salida/ yo tengo la llave pa’ que tú puedas tener cabida”.
El investigador Ronald Loayza y el cantautor Manuel Monroy Chazarreta completan el jurado.
Revolución cultural La competencia comienza. En una primera vuelta, las rimas lucen ingenio y ataques humorísticos. Pero ni bien duelen los golpes verbales, las respuestas se tornan más agresivas: se deslizan insultos machistas o relacionados con el aspecto del contrincante. Además salen a colación temas personales o nacionales, como la pugna regionalista, el referéndum revocatorio o la identidad. Todo vale. Conscientes de ello, los MC no dejan que lo escuchado en el escenario les afecte.
Se abre una pausa para mostrar la ductilidad de los elementos del hip hop. Manuel Monroy Chazarreta, el Papirri, se une entonces en el escenario con Raper One y, con la ayuda de una pista del DJ, le ponen un aire más urbano a la tradicional canción de Monroy, Qué tal, metal, mostrando que las rimas no pertenecen sólo a una cultura foránea.
Para oficiar de maestros de ceremonia, llegaron desde Paraguay los b-boys Albin y Blasti. “Siempre estoy llevando al hip hop adentro. Soy Aldo Estigtigarribia y vine aquí para decirles que una gran movida está por empezar en Bolivia”.
Albin empezó en el hip hop a los 10 años y hoy, con 24, es uno de los más grandes exponentes de su país, con giras internacionales por importantes clubes del mundo. “Llevo el hip hop muy dentro. Por eso salí de las calles para tratar de culturizar esta cultura por todo el mundo. Por eso estamos haciendo cosas buenas, trabajando en comunidades y parroquias, participando en eventos cristianos... lo que queremos es hacer crecer esta cultura sanamente, queremos que el hip hop no sólo esté en las calles y que la gente no vea a un rapero como delincuente”.
A pesar de haber llegado como maestros de ceremonia, el elemento que estos b-boys dominan es el breakdance. Suena la música y Albin y Blasti se turnan para dar violentas vueltas en el piso de espaldas, levantarse por los aires con grandes saltos, hacer piruetas sólo apoyados en sus manos o girar con la cabeza en el suelo.
Blasti es el compañero de Albin y tiene la misma edad. También empezó muy joven, a los 11 años. “Gracias a Dios estoy recorriendo el mundo con todo lo que hago. Mi familia nunca se lo hubiese imaginado. Comencé en los barrios bajos, en la calle. Luego me di cuenta de que se me metió muy profundo. El hip hop no para, no tiene barreras. Ya no está en un nivel underground, sino comercial. De todos modos, la calle es nuestra academia”.
No puede haber danza ni raperos sin la base musical. Para esto, Red Bull ha convocado a DJ internacionales que han compuesto secuencias exclusivas para este certamen. En las finales de todo el mundo, los DJ locales han trabajado con las mismas bases. “Lo que hacemos es combinar música y beats con tecnología para producir sonidos que son personales de cada DJ”, explica Eber Fernández, alias Jaru.
Bolivia tiene campeón Luego de una dura batalla, la final coronó un campeón: Gunnar Humberto Portanda Caballero, tiene 21 años, nació en Sucre y hace dos años y medio que vive en La Paz. Su nombre artístico es MC Docene o MC 2-N.
“Llevo este nombre por dos razones: el primero es por NN, ‘no name’, en inglés. La segunda es que mi verdadero nombre, Gunnar, se escribe con dos enes”.
Luego de clasificar en La Paz en una ardua batalla, el estudiante de Ingeniería Civil fue venciendo uno a uno a sus contrincantes en El Martadero. La última vuelta, a pedido del jurado, tuvo como tema la ecología. “Me puse tranquilo y lo hice, cualquiera que hubiese venido a representar a La Paz lo hubiese hecho bien”.
El evento termina con un grito de júbilo y algarabía general. Todos quieren hablar con el campeón, sobre todo los niños, que lo rodean boquiabiertos para tratar de improvisar rimas junto a él.
“Les digo a los jóvenes que a veces confunden el hip hop con drogas, no se trata de eso. No toda la gente entiende. En mi familia, por ejemplo, mi hermana no sabe mucho que estoy metido en el hip hop. Pero mi mamá me dio todo el apoyo y ahora me voy a México. Es triste, pero aquí la gente todavía discrimina a los raperos sólo por la apariencia. Eso debería cambiar, no sólo por parte de los que nos ven, sino también depende de nosotros los raperos”. Y consciente de esta imagen, se propone traer un lauro al país con la ayuda de un entrenamiento constante.
“Me gusta escribir rimas y darles sentido. Esa es mi misión, quiero darle a la gente un buen mensaje, con mucho contenido”, concluye MC 2-N antes de regalar una última rima: “Estoy aquí siempre adelante/ implanto mi léxico, estratégico/ el 2-N va a representar a Bolivia en la ciudad de México./ Te lo digo y te lo aviso/ aquí yo siempre soy el que improviso/ improvisación plena, que despega/ mi rima es la que siempre envenena./ Estamos aquí, entre amigos y con esta rima yo, el 2-N, me despido”.