Desde que ingresan a la Escuela de la Naval, los marineros salen a enfrentar las olas del mar. Cumplen la tarea de resguardar los ríos y los lagos. También hacen labor social.
Texto: Wilma Pérez Soliz Fotos: Nicolás Quinteros
El recuerdo de un barco en medio del océano Atlántico, donde las olas furiosas se estrellan en el navío y bañan el rostro del entonces cadete de la Fuerza Naval de Bolivia, Carlos Quinteros, aún se mantiene en la memoria del ahora Capitán de Navío, que hace nueve meses atracó en el Puerto Mayor de Copacabana para quedarse.
Los 26 años de carrera militar se plasman en algunas de las canas que pugnan por mostrarse en la cabeza del capitán. No es un gran barco el que dirige, pero la nave que capitanea se expande hasta tierra firme, donde además de navegar por las aguas dulces del lago Titicaca, debe velar por la seguridad de la población y de los turistas que llegan al sector y apoyar a la comunidad en las labores sociales que le encomendaron.
¿Un capitán de agua dulce?
Orureño de nacimiento y con el título de campeón de natación, Carlos ingresó a la Escuela de la Naval de Bolivia para iniciar la carrera militar. Después de cuatro años, con 23 años encima, egresó como oficial de la Naval.
Al igual que sus antecesores y los que ingresaron después al centro de formación, navegó en altamar. Cada año salía de dos a tres veces al océano Atlántico o al Pacífico. “Muchos nos dicen que somos marineros de agua dulce, pero los oficiales de la marina boliviana tenemos los mismos estudios y práctica que nuestros colegas de otros países que tienen salida al mar. No tendremos mar, pero desde el primer año salimos a navegar al océano”, afirma junto al lago Titicaca.
Las salidas de los oficiales a altamar son posibles por los convenios suscritos con los gobiernos de Argentina y Venezuela, pues al ser de 12 a 17 los graduados por año, los barcos de las naciones vecinas los acogen sin problema.
La historia de la creación de la entidad se remonta a 1963. En el gobierno de Víctor Paz Estenssoro nació la Fuerza Fluvial y Lacustre, pero fue en 1966 que cambió de nombre por el de Fuerza Naval Boliviana, debido a que en tres años alcanzó niveles significativos de profesionalismo, indica el portal de la institución.
La Armada boliviana cuenta con seis Distritos Navales ubicados en Trinidad, Riberalta, Guayaramerín, Tiquina, Quijarro y Cobija. Cada uno tiene su respectiva Policía Militar, bases y Capitanías, entre otros. Su principal misión es preservar la soberanía lacustre, tomando en cuenta que Bolivia tiene 14.000 kilómetros de ríos navegables y más de 10.000 kilómetros en lagos.
Marineros serviciales
La cara de muchas poblaciones alejadas del territorio boliviano cambió con la llegada de los efectivos militares. En el caso de las localidades o comunidades que se encuentran cerca de ríos o lagos, la labor les corresponde a los marineros. Entre oficiales y conscriptos mejoran, primero, su base y luego salen a las calles para hacer un trabajo similar. Además, se ocupan de dar seguridad a los pobladores y sus visitantes.
Víctor Quispe, vecino de Copacabana, recuerda que en marzo de este año recuperaron un espacio verde de la localidad, la plaza Eduardo Abaroa, anclada en la playa de la región. “Vi cómo los soldaditos y el Capitán trabajaron casi sin descansar. Colocaron unas rejas de fierros que sacaron de la chatarra y el basural se convirtió en una plaza”.
Mas el trabajo de los 27 marineros, tres instructores y del Capitán de Navío no se quedó ahí. Cumpliendo un mandato del Gobierno, entregan cada mes la Renta Dignidad a las personas de la tercera edad y hace meses canalizaron el pedido de los pobladores ante las autoridades de la Prefectura de La Paz para que la península tenga una terminal terrestre y otra portuaria.
La demanda ya está en curso y los marineros también apoyan a la campaña para que el lago Titicaca sea nombrado como maravilla natural del mundo. Por todo esto, los conscriptos y oficiales son tratados con respeto. Y el vaivén de las olas que mueve la lancha permite que el capitán Carlos Quinteros suelte un pronóstico: “las aguas están bravas, pero no habrá problemas”.
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