Al tratar el tema de la paz mundial, la mayoría de la gente se imagina una cruenta guerra y las posibilidades de medios pacíficos de arreglo de controversias internacionales.
La opinión pública, la cátedra, algunas organizaciones internacionales y otros, tienen el tema de la guerra bien digerido. Tienen una clara idea al respecto, pero en cuanto se les cuestiona sobre la paz mundial, asocian de inmediato con la ausencia de guerra, aspecto que debe desmitificarse definitivamente. La paz no es ausencia de guerra, es mucho más que eso.
I. El hombre cultura. Queda claro que el hombre pertenece a un mundo cultural que no deja de ser biológico: En ambos casos evoluciona, mejora y a veces involuciona. La dificultad está en concebir al hombre como un sujeto holístico en todas las fases de su vida. Podemos decir que nos encontramos ante un problema cultural que evoluciona, y los problemas de evolución del hombre sólo pueden entenderse en términos de interacción biológica y cultural, dice Santiago Genovés en El hombre entre la guerra y la paz.
¿El hombre cultura, cuánto sabe de paz? Dentro de un análisis intraespecífico, el tema de la paz mundial puede ser muy secundario, tanto para el hombre de la calle como para el político (que no deja de ser de la calle). Las prioridades del quehacer rutinario y, desde luego de ciertas necesidades primarias, así lo demuestran. No se llegan a considerar ciertos aspectos, como por ejemplo una fuente de ingresos digna (políticas labores estables, vacaciones y otros), una situación familiar estable, educación, alimentación, políticas de inclusión, etc., aspectos que entre otros forman parte ineluctable de la paz, de la cultura de la paz.
II. La cultura de la paz: Inobjetable iniciativa para la humanidad. La cultura de la paz debe ser una iniciativa impostergable en los términos que hemos planteado, no sólo considerando la ausencia de guerra sino también incluyendo otros elementos de valoración humana, sobre todo, si no queremos que nuestra especie termine pronto y de una manera drástica. Es necesario divulgar por todos los medios posibles y cotidianos, no sólo académicos y exclusivos, la existencia de instrumentos legales que dentro del sistema jurídico universal sirven para luchar por los Derechos Humanos e ir contra la violencia.
La presencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y otros, constituyen los instrumentos legales mencionados y son de cumplimiento obligatorio, son lege lata.
La Unesco, que lidera este movimiento de la cultura de la paz, sugiere que se debe “construir los baluartes de la paz en la mente de los hombres” (Cultura de la paz y gestión de conflictos, de Vicenc Fisas). A este criterio le hace homenaje Vicenc Fisas cuando dice que “...la paz sólo puede forjarse con las herramientas de la paz” y que “el mundo del futuro ha de alzarse sobre el amor, la tolerancia y la educación”. “Este porvenir, que hoy más que nunca es un por hacer, sólo podrá construirse y asegurarse mediante principios éticos compartidos y valores que sirvan de asideros a las nuevas generaciones; no es sólo trabajar con esquemas financieros ni con decisiones políticas, y mucho menos con fórmulas prefabricadas”.
Por el momento, el lenguaje de la paz parece inalcanzable porque los medios de educación no son para fomentar la paz, sino la guerra. Como diría Genovés, así como se educa para la guerra, puede educarse también para la paz. Eduquemos para la paz, eduquemos para la vida.
*M. Nelson Jordán W. es abogado.
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