El presidente Evo Morales acaba de declarar al departamento de Pando como tercer “territorio libre de analfabetismo en Bolivia”, luego de haberlo hecho en Oruro y Santa Cruz. Se prevé que para diciembre en todo el país se habría erradicado ese flagelo cultural, constituyéndose Bolivia en la tercera nación de América Latina en suprimirlo, luego de Cuba y Venezuela.
Como se tiene conocimiento, una delegación de pedagogos cubanos llegó hace unos dos años y efectuó una campaña de alfabetización en las zonas rurales donde además existe la educación bilingüe. Según informes del Gobierno; dicha delegación, sin grandes esfuerzos, estaría enseñando a leer y escribir, no se sabe si en dos idiomas, a la gran masa de adultos analfabetos que ha determinado que Bolivia sea considerado el país más atrasado cultural y económicamente del continente americano, junto con Haití. Verdaderamente, parece algo increíble que el país más pobre y con el campesinado más primitivo del continente pueda pronto salir del analfabetismo, mientras que otros, mucho más adelantados y desarrollados como Argentina, Chile y Uruguay, no lo han podido hacer hasta ahora.
Cabe la pregunta: ¿Qué concepto tiene el Gobierno de la alfabetización? Y la respuesta está dada en la encuesta que algunos periodistas realizaron en Oruro, en ocasión de haber sido declarado este departamento el primero libre de analfabetismo. Las personas que habían recibido su certificado por pasar el curso correspondiente para ser declaradas alfabetas explicaron que estaban muy contentas porque ya sabían firmar. Ni siquiera mencionaron si conocían las letras del abecedario. Agregaron que también podían reconocer los números, lo que consideraban importante porque ahora distinguían los billetes ya no por el color sino por el número.
Evidentemente, si el Presidente de la República es una persona poco preparada, su concepto de alfabetizar es muy estrecho. Por lo tanto, sería muy conveniente que personas como el vicepresidente Álvaro García, que han leído muchos libros, le pudiesen explicar que sólo cuando un individuo lee un artículo de un periódico o un ensayo, o más todavía un libro entero, y los entiende, se le puede considerar alfabeto.
Ahora bien, si para los pedagogos cubanos el hecho de tener tan mínima preparación es suficiente para salir del analfabetismo, entonces la decantada propaganda de Cuba de haberlo superado es una falacia. Cabe recordar que en la antigua Unión Soviética y en los países de la Europa Oriental se pregonaba que cada año el desarrollo era muy superior a EEUU y a los países del occidente. Pero llegó el día del hundimiento de esos países ya que habían estado carcomidos por dentro y, en vez de las cifras de crecimiento que presentaban a la ONU, había simplemente una paralización de la economía y, por ende, de todo tipo de progreso.
Lo más probable es que en Cuba estaría sucediendo algo similar. Y así lo recuerda un analista de El País de Madrid. Según éste, Cuba habría tenido tres grandes éxitos: en salud, deporte y educación. Pero, a su vez, tres grandes problemas imposibles de solucionar: el desayuno, el almuerzo y la cena.
A ello habría que agregar que ni siquiera en educación los cubanos habrían tenido algún resultado positivo. Pues de la liberalidad de sus mencionados pedagogos en otorgar certificados de alfabetización se puede inferir que en Cuba también la inmensa mayoría de su población estaría en una condición educativa semejante y, en consecuencia, todavía permitiría un gobierno totalitario y despótico, que mantiene a su población encuevada, sin poder viajar, y con un retraso mental de 50 años.
Lamentablemente, en Bolivia podría ocurrir otro tanto. Si un porcentaje importante de la población sólo sabrá firmar y distinguir los números, eso podrá permitir que también se establezca en el país un gobierno que sojuzgue a la nación y que trate de igualar a su población por debajo, dándole una educación muy limitada, para que no tenga la capacidad de exigir más democracia, más progreso y más libertad.
*Ramiro Prudencio L. es diplomático e historiador.
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