Desde que en 1987 más de 100.000 personas se reunieran en París para honrar a las víctimas de la pobreza extrema, de la violencia y del hambre, el mismo lugar donde en 1948 fue firmada la Declaración de los Derechos Humanos, se estableció que la pobreza es una violación a estos derechos y, como tal, la lucha para erradicarla debe ser una prioridad en todos los países que la padecen. Fue así que esta masiva concentración ciudadana provocó que en 1992, la Asamblea General de las Naciones Unidas declarara, mediante la resolución 47/196, cada 17 de octubre como el “Día Internacional para la Lucha contra la Pobreza”.
Desde esa fecha hasta la actualidad, muchas fueron las iniciativas y proyectos destinados a sensibilizar a la opinión pública y promover mayor conciencia social sobre la situación de un billón de personas que actualmente viven en condiciones de pobreza. Una de estas importantes iniciativas es la formulación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los mismos que fueron establecidos por los 191 países miembros de las Naciones Unidas —entre ellos Bolivia— durante la Cumbre del Milenio de la ONU realizada en septiembre del 2000.
Estos ocho objetivos deben ser alcanzados hasta el 2015 y basan sus alcances en las siguientes acciones: erradicar la pobreza y el hambre extremos; alcanzar la educación básica universal; promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres; reducir la mortalidad infantil; mejorar la salud materna, combatir el sida, la malaria y otras enfermedades; asegurar la sostenibilidad medio ambiental; lograr una sociedad global para el desarrollo.
En este sentido, la lucha contra la pobreza no debe reducirse —a nivel de sociedades y Estados— a actitudes paternalistas y asistencialistas, sino más bien debe trabajar conjuntamente con las personas, familias y comunidades más pobres y brindarles las oportunidades necesarias para reinsertarse a la sociedad con plenitud de derechos y responsabilidades.
Si bien es cierto que la coyuntura actual ha redefinido la agenda de intervención sobre el tema, enfatizando las áreas de industrialización del gas natural, soberanía alimentaria y desarrollo productivo con generación de empleo, que responden al nuevo Patrón Nacional de Desarrollo (PDN), es necesario redefinir también los compromisos asumidos por el propio Estado para la superación de la pobreza, no sólo desde el punto de vista económico, sino desde una perspectiva integral que coadyuve a salir de la condición de pobreza, pero que además garantice un desarrollo pleno con enfoque de derechos.
Involucrar a la sociedad, a las comunidades, a cada uno de los ciudadanos en este objetivo podría convertirse en un efectivo método para alcanzar el cumplimiento de los objetivos de desarrollo del milenio, entendiendo que los resultados de la lucha por erradicar la pobreza se traducen en una sociedad justa, equitativa, pero sobre todo más humana.
*Ana María de Granda es presidenta de la Junta Directiva Nacional de Aldeas Infantiles SOS Bolivia.
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