Mientras la Presidenta de Chile encabeza en Cochabamba la reunión de parlamentarios de la todavía extraña Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), con representantes de 11 naciones, Bolivia arde tras los cerros. Mientras Evo Morales y su ilustre huésped cenan la sabrosa comida cochabambina, los aparatos de represión del Estado buscan a dirigentes cívicos y periodistas y elaboran listas para nuevas detenciones. A temprana hora, la señora Bachelet y su colega Evo Morales charlan en el hotel Diplomat, sobre democracia y libertades, en pleno estado de sitio en Pando, y cuando miles y miles de energúmenos endemoniados marchan hacia la ciudad de La Paz para cercar el Congreso y tratar de imponer a la fuerza una Constitución malparida, con el amedrentamiento.
La presidenta Bachelet retornará hoy a Santiago, los parlamentarios visitantes regresarán a sus países y dejarán la verdadera Bolivia, la Bolivia lista para sacarse la cresta, como dirían en Chile. Hoy mismo, cuando el último huésped haya partido, se reunirá la cúpula del MAS con Evo Morales, para planificar el asalto al Congreso, si es que por las “buenas” no le arrancan a la oposición la fatídica ley de convocatoria al referéndum constitucional.
Y como “por las buenas” el mamotreto esquizofrénico va a naufragar, la otra vía es “por las malas”, como anunció S.E. Entonces sonarán los pututos y retumbarán los cohetazos, amenazará el Vice, para tratar de romper la moral de los parlamentarios de oposición que estarán atrincherados en el Congreso Nacional, durmiendo y comiendo en el hemiciclo, resistiendo a las hordas ensoberbecidas, impacientes por hacerse obedecer.
Y los aparatos de seguridad del Estado estarán atareados, inquietos, ocultando su identidad por vergüenza, tratando de encarcelar a líderes cívicos convencidos y a periodistas chúcaros, en acciones nocturnas. Como en el caso de Branko Marinkovic, presidente del Comité Pro Santa Cruz, recurrirán al chantaje familiar, en su intención de doblegarlo y de obligarlo a regresar al país para que no cuente, en el exterior, la verdad de lo que sucede en Bolivia, lo que a Unasur no le interesa oír. Y a Leopoldo lo tendrán encerrado en San Pedro, en una de las acciones más infames de este gobierno. Y el periodista Jorge Melgar, hombre de cojones, tendrá que pasarse una temporada entre rejas, por el pecado de denunciar a una runfla de matones.
Es que ha llegado para el MAS la hora de ajustar cuentas, la hora de la venganza. Y en esta hora no se salvará nadie de los que hayan tenido la mala suerte de caer en su “lista negra”. Como los parlamentarios gozan de inmunidad y no pueden ser sacados de su cama al amanecer y lanzados a un calabozo, serán los dirigentes cívicos y los periodistas osados los que, sin garantías de ninguna naturaleza, sufran las represalias de quienes creen que el poder es eterno. De quienes olvidaron aquella sabia e infalible norma: “Hoy por mí, mañana por ti”.
Si en su afán de venganza, el Gobierno está detrás de Branko Marinkovic y, en su ausencia, quiere ajustar cuentas con su hermana Tatiana, además de una cobardía, va a tener su respuesta oportunamente. Pronto el propósito estará dirigido hacia nuestro gobernador Rubén Costas, también con argumentos amañados. En Bolivia no hay mal que dure diez años. Estamos en un proceso político donde no todo está concluido. Queda mucho trecho por andar todavía. Y mejor es no acusar alegremente y tratar de tapar bocas a través del amedrentamiento. ¡Qué pena que la comunidad internacional participe de una suerte de complicidad con este gobierno! ¡Qué lástima que tantos gobernantes latinoamericanos, sabiendo lo que acontece en Bolivia, tengan que callar por no malograr una relación bilateral! Se puede comprender, pero causa pesar.
Ahora que ha llegado la hora del ajuste de cuentas del masismo, hay que andarse con tiento. Cívicos y periodistas es mejor que duerman vestidos. Porque cualquier madrugada caerán los embozados rompiendo la casa a patadas o vendrán descabelladas citaciones judiciales.
*Manfredo Kempff S. es escritor y diplomático.
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