Los hijos de emigrantes reciben dinero, pero pierden disciplina Las remesas que llegan del exterior permiten a los hijos de los migrantes mejores condiciones de vida. La falta de los progenitores en el hogar, sin embargo, provoca en muchos casos que los menores crezcan sin la orientación adecuada.
Cada viernes, la casa de Ábner (15), en Montero, Santa Cruz, se llena de adolescentes. A pesar de la negativa de su abuela —que quedó a cargo del muchacho hace tres años, cuando sus padres emigraron a Italia— Ábner dispone de unos Bs 700 del dinero que llega mensualmente desde Europa para organizar una fiesta. Hace un mes, los excesos del “buri” provocaron que la Policía intervenga en la casa, donde encontró alucinógenos.
Las remesas que llegan del exterior han permitido que muchos de los hijos de migrantes bolivianos accedan a mejores servicios y hasta a lujos. Mas, la separación familiar hace que los menores carezcan de control y de normas de conducta en su desarrollo.
El director de la Asociación de Migrantes Bolivia-España (Amibe), Hugo Bustillos, explica que cuando ambos padres emigran, los menores se quedan a cargo de tutores. “Éstos no tienen la capacidad de un padre para imponer disciplina. Si lo hacen, normalmente hay rechazo porque los niños y adolescentes reclaman que los tutores no son sus progenitores”, argumenta.
Según Bustillos, la situación se agrava cuando los chicos quedan a cargo de sus hermanos mayores. Una investigación de Amibe indica que en algunas regiones del país, los que se quedan a cargo del hogar son adolescentes de no más de 12 años.
“Hay municipios, especialmente del oriente del país, en los que los padres consideran que sus hijos adolescentes son lo suficientemente maduros como para asumir la responsabilidad del hogar. Los convierten en adultos de la noche a la mañana, sin preparación”, dice Bustillos.
Indica que el fenómeno de la migración acarrea dos efectos en la sociedad nacional. “El primero, que es positivo, es el acceso a mejores servicios y oportunidades para quienes se quedan en el país. El otro implica un costo social muy alto que se manifiesta en el desarraigamiento del migrante, la ruptura de las familias y el posterior descontrol de los hijos”.
El encargado de Amibe informa que un estudio, realizado en España y Bolivia —junto con la Asociación de Cooperación Bolivia España (Acobe)—, reveló que las familias de los migrantes reciben mensualmente entre 100 y 500 euros, dinero que es destinado al pago de deudas, manutención de los menores y al ocio.
“La mayoría de los hijos de los migrantes que se quedan en el país no tienen una persona con la suficiente autoridad que les diga un ‘no lo hagas’ en el momento adecuado. Eso, sumado a la cantidad de dinero a la que acceden libremente, les permite una libertad casi irrestricta y acceso a placeres a los que antes no podían llegar.
Sin una adecuada orientación, los muchachos pueden llegar a caer en adicciones como las drogas”, alerta, por su parte, Ana María Encinas, concejal de Santa Cruz de la Sierra.
Según la investigación desarrollada por Amibe y Acobe, el problema comienza a manifestarse al cuarto año de la ausencia de los padres, cuando los hijos empiezan a invertir más del dinero de las remesas en el entretenimiento personal.
“Los lujos que se permiten los hijos de los migrantes constituyen la forma en que los progenitores tratan de compensar a sus hijos por el abandono a que los someten cuando emigran del país”, considera Bustillos.
Diagnóstico
Tecnología • Los adolescentes que reciben dinero invierten su mensualidad en celulares de última generación, reproductores MP3, iPods, videojuegos, computadoras portátiles, televisores y equipos de cine que se instalan en las viviendas.
Peligro • Las remesas, sin orientación para invertirlas de manera cauta y productiva, pueden llegar a causar dependencia en los adolescentes que se acostumbran al dinero fácil.