Tecnología y ecología se conjuncionan en la granja cochabambina donde el respeto por la naturaleza es lo principal. El ganado Holstein, traído por el magnate del estaño hace menos de 80 años, le dio otros rumbos a la lechería.
Texto: Wilma Pérez Soliz Fotos: Miguel Carrasco
La porción de alfalfa, rociada con una infusión de yerbas naturales y miel, es devorada en cuestión de segundos por Margarita, una vaca de 400 kilos de peso y que es una de las descendientes de las 600 cabezas de ganado de la raza holandesa Holstein que llegaron desde Estados Unidos hace menos de 80 años, a iniciativa del entonces magnate del estaño, Simón I. Patiño, para su granja en Pairumani.
Hoy, las 3.000 hectáreas de terreno cochabambino en las que pastaban las 600 vacas lecheras, se convirtieron en 500 hectáreas y el hato disminuyó a 240 cabezas de ganado. Mas, ese no fue un motivo para dejar de ser un ejemplo en el campo agrónomo. Al contrario, hoy son reconocidos a nivel nacional e internacional por el tratamiento de los cultivos y la ganadería con métodos agrobiológicos naturales, que convirtieron a la granja en un centro de referencia ecológica del continente, afirma orgulloso el director técnico del lugar, José Sánchez.
La granja modelo de Pairumani (aguas cristalinas, en quechua) está a 30 kilómetros de la ciudad de Cochabamba, a los pies de la cordillera del Tunari, a una altura de 2.600 metros sobre el nivel del mar y es dependiente de la Fundación Patiño. De las 500 hectáreas, 265 son cultivables y el resto son caminos y bosques.
Enormes árboles, de diferentes tonos de verde, resguardan el ingreso a la granja. Ya en el interior, la naturaleza gana su espacio con coloridas flores y palmeras altas que cobijan en sus ramas a una variedad de insectos y aves, las que perezosas levantan vuelo al escuchar el ruido de algún vehículo o el mugido de los terneros.
Como mudos testigos de los inicios de la granja están el tractor a vapor, traído por el Barón del Estaño desde Liverpool (Inglaterra) el año 1936 y las robustas paredes de piedra de algunos edificios del lugar.
La etapa agrobiológica
Hace 10 años, en 1998, la granja inició una nueva era, la de convertirse en la pionera del modelo agrobiológico. José Sánchez explica que el trabajo que desarrollan apunta a recuperar la fertilidad de los suelos a través del cultivo de cereales, leguminosas y otros, sin el uso de productos químicos. “Queremos irradiar el respeto a la naturaleza haciendo que el suelo esté libre de abonos químicos, las plantas no sean rociadas con plaguicidas o insecticidas y que los animales no sean sometidos a tratamientos hormonales o antibióticos”.
Para cumplir este objetivo, la tierra cultivable de la granja es arada por tractores especializados de manera que el uso de las máquinas sea mínimo y no dañe los nutrientes del suelo. Además, ahí elaboran su propio compost, que es un abono natural con alto contenido de nutrientes y los jugos de compost, que se utilizan como plaguicidas.
Con el ganado también se actúa de forma preventiva empleando la fitoterapia (parte de la ciencia farmacéutica que estudia el uso de plantas medicinales y las preparaciones obtenidas a partir de éstas). Con este método se evita problemas y afecciones en los animales. Por ello, para que el ganado pueda estar acorde a su equilibrio biológico y natural, en la alimentación diaria se rocía el forraje con infusiones de cola de caballo, manzanilla, miel y diente de león para mejorar la calidad de leche que den las vacas.
Pero, la alimentación de los animales no sólo se basa en alfalfa e infusiones, también contiene maíz y remolacha que se producen en la granja. El encargado de ganadería, Romel Balderrama, explica que los animales tienen una dieta balanceada para prevenir enfermedades y calcula que las vacas consumen cerca de 60 kilos de alimentos por día y que llegan a pesar de 400 a 450 kilos. El semental llamado Veloz, en cambio, pesa 850 kilos.
En la granja, además, se lleva un minucioso registro de cada uno de los animales, una especie de hoja de vida, en el que se detalla el año de nacimiento, la producción y los problemas de salud.
En cuanto a la producción lechera, el promedio diario está entre 18 a 19 litros por animal, es decir que cada día logran juntar entre 1.900 a dos mil litros, de 100 de las 240 vacas que hay.
De los casi dos mil litros de leche que ingresan a producción, un 60 por ciento se entrega al mercado local como pasteurizada (leche del día o fresca), un 30 por ciento en una variedad de tipos de yogures y el restante 10 por ciento es destinado a la elaboración de queso.
En todo el proceso de elaboración, empaque y comercialización de los productos, los trabajadores de la granja de Pairumani también toman en cuenta el tema de la agrobiología. Pero, a pesar de que su producto tiene demanda en el mercado local, no piensan expandirse más.
Al llegar al final del recorrido, uno siente que las vacas y toros se fundieron con su entorno y no son vistos como simples animales productores, pues en la granja se une el conocimiento tradicional con la tecnología avanzada.