Se veía venir la crisis financiera de EEUU hace por lo menos un año, pero el FMI no dijo ni recomendó nada. Son 700 mil millones de dólares que se estima costará a Estados Unidos la crisis financiera reciente. Esta suma es equivalente al valor de la producción de Bolivia de 70 años. El número 7 parece cabalístico, pues fueron 700 millones de dólares que costó a Bolivia el cierre de varios bancos en la década de los noventa. El ciudadano común y corriente se pregunta qué fue lo que pasó. Las respuestas que obtiene a su pregunta marean, ya que se basan en tecnicismos innecesarios cuando sólo habría que decir que algunos agentes económicos, aquí y allá, especularon contra otros lográndose poner en el bolsillo enormes cantidades de dinero. Con relación a las ganancias especulativas, puede decirse que se trata de un juego de suma cero, es decir, donde lo que los unos ganan, los otros pierden. Entre los que ganan están, sin duda, especuladores financieros sin escrúpulos y quizás alguna otra gente que se benefició sin estar directamente involucrada en la especulación. Entre los que pierden, están todos. En primer lugar, los propios americanos que tendrán que financiar 700 mil millones de dólares con sus impuestos, asumirán el incremento en las tasas de interés, la caída de precios de muchas mercaderías y el cierre de negocios. Pero, no solamente están los americanos, también el peso de la especulación afecta a los países europeos, pronto lo hará con los asiáticos y los países latinoamericanos.
¿Los gobiernos pueden evitar de socorrer al sistema financiero? La respuesta es No desde el punto de vista económico, pero plantea una serie de interrogantes desde la ética. Si el Gobierno deja hundir al sistema financiero, los daños sobre la economía y las familias serán aún mayores que el sacrificio que se les pide hacer socorriéndolo. Lo que pasa en EEUU pasó también en Bolivia, donde el Gobierno desarrolló programas para salvar al sistema financiero y a varios empresarios. El boliviano común y corriente tuvo que asumir el costo de esa operación. La cuestión ética es relativa al porqué miles de ciudadanos, muchos de ellos muy pobres, tienen que pagar la factura que dejan unos pocos codiciosos e inescrupulosos especuladores financieros.
¿Pero cómo es posible que los gobiernos dejen que los especuladores actúen libremente? La respuesta es tanto política como ideológica. Los especuladores actúan protegiéndose desde las esferas de gobierno. La gente que tiene memoria podrá asociar fácilmente los nombres de algunos importantes e inescrupulosos banqueros a partidos políticos que gobernaron Bolivia. En EEUU pasa lo mismo, con el agravante del pago de millonarios sobornos a autoridades y legisladores. El ribete ideológico fue puesto por los neoliberales quienes insistían en que la economía funciona mejor cuando la regulación y los controles son pequeños o inexistentes. Sobre este tema se han escrito muchos libros y miles de artículos. Esta creencia llevó a muchos países a ablandar sus sistemas de regulación, en particular, a EEUU.
Otro aspecto relativo a la ética y a la política relativo a la crisis financiera se refiere al papel desempeñado por el FMI. Se recordará que esta institución fue creada con el único objetivo de velar para que el sistema financiero mundial se mantenga sano. Interpretando a su manera este mandato de las Naciones Unidas, durante varias décadas se encargó de hostigar a los pequeños países como Bolivia, incluso metiéndose en campos que no son de su competencia. Por ejemplo, obligaron a Bolivia a adoptar una reforma de pensiones que implica un déficit fiscal del orden de los 500 millones de dólares anuales. Durante los gobiernos neoliberales, el representante del FMI en La Paz participaba en las reuniones de gabinete y se pronunciaba sobre todos los temas. Pero, cuando se trata de lidiar con los países grandes, el FMI se oculta debajo de la mesa. Se veía venir la crisis financiera de EEUU hace por lo menos un año, pero el FMI no dijo ni recomendó nada. Una vez estallada, no se cansa de publicar comunicados “alertando al mundo” sobre la posibilidad de una recesión mundial. El fracaso de esta institución tiene que llevar a diseñar un nuevo mecanismo que pueda cumplir las funciones que se le encomendó y que no pudo realizarlas. En ese sentido discuten actualmente los países europeos.
Una de las modalidades que están utilizando EEUU y varios de los países europeos para ayudar a salir de la crisis es la de comprar acciones de instituciones financieras. Esta operación ha sido comparada con las nacionalizaciones provocando escándalo en los neoliberales ortodoxos. Estas operaciones van a provocar una importante modificación de los paradigmas económicos planteados en la década de los noventa, pues, por una parte, la crisis lleva al fortalecimiento de los mecanismos estatales de control y regulación y, por otra, entra nuevamente en escena la importancia de la participación del Estado en el quehacer económico.
Es el cherry sobre la torta, pues, por lo menos desde los países de América Latina, hace varios años que los gobiernos y los pueblos manifiestan su descontento por los resultados del modelo neoliberal y claman por el cambio.
*Rolando Morales A. es superintendente de Empresas.
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