El senado mexicano aprobó ayer en lo general la reforma energética, una polémica ley discutida desde abril pasado que consolida el control del Estado sobre la industria petrolera y elimina la inversión de empresas privadas en actividades esenciales del sector.
La ley, basada en una propuesta del Gobierno y modificada por el Legislativo, elimina la posibilidad de entrada de capital privado a la industria petrolera, lo que buscaba el Ejecutivo en la iniciativa original en la construcción de refinerías y la exploración en aguas profundas, entre otras.
Además, otorga mayor autonomía administrativa y financiera al monopolio estatal Petróleos Mexicanos (Pemex), acosado históricamente por pagos ingentes al fisco. La votación de la reforma, que deberá revisar ahora la Cámara de Diputados, se tuvo que dar en una sede alterna del Senado, ya que la principal fue rodeada desde anoche por seguidores del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, quienes bloquearon los accesos al recinto, custodiado por agentes de policía federal. México DF, EFE