A una hora de viaje desde Cochabamba, existe una población donde no se cultiva ni la papa ni el maíz. Es un sitio donde 120 familias viven de la arcilla y la alfarería.
Texto: Jorge Quispe Fotos: Pedro Laguna
Los campesinos de la comunidad de Huayculi viajan cada semana seis kilómetros hasta Tarata para comprar papa, maíz y otros productos para cocinar porque sus tierras no son aptas para la agricultura. pero cada septiembre reciben a centenares de visitantes de todo el país que llegan para apreciar su tradición alfarera y cerámica.
De hecho, Huayculi significa en quechua lugar donde abunda la arcilla, de acuerdo al lingüista Donato Gómez Bacarreza. “El terreno del sector es gredoso y por eso es una población dedicada a la cerámica desde sus hijos hasta sus padres”, explica Mario Gonzales Terceros, responsable de cultura del municipio tarateño donde pertenece la localidad.
Arcilla que da de comer
A una hora de viaje en carretera desde la ciudad de Cochabamba,en la provincia Esteban Arze, 120 familias artesanas dan fama al pueblo de Huayculi. Una de ellas es la de Esteban Álvarez, un hombre de 43 años de los cuales 25 está dedicado a la cerámica, como la mayoría de sus vecinos.
“Vivimos gracias a la arcilla, ella nos da de comer, por eso todos mis hijos (cuatro) intervienen en el proceso”, expone el valluno con un sombrero de cuero, una camisa blanca, un pantalón azul y abarcas de goma de llanta.
Rodeado de decenas de vasijas, vasos, jarras y figuras de campesinos en miniatura enseña. “La primera etapa es la recolección de la arcilla, una actividad en la que participa toda mi familia, para luego llevar el material a nuestro taller para convertirlo en barro. Ahí la apisonamos hasta lograr que sea una masa”.
El modelado de la arcilla en el torno se efectúa mediante la alfarería, una técnica en la que se utilizan las dos manos para dar forma a la bola de greda blanda sobre una rueda giratoria de madera que se guía y controla a medida que el efecto de giro de la rueda empuja a la arcilla hacia arriba y afuera. La alfarería requiere de habilidad y precisión.
Tradición milenaria
El horno que los huayculenses utilizan para la cerámica fue inventado hace 5.000 años por los egipcios. Esteban no sabe aquello y tampoco le interesa mucho, sin embargo sus padres y sus abuelos usaron desde siempre un instrumento de trabajo similar.
Tras modelar la arcilla, se la deja secar. Debido a que es frágil, se hace la primera cocción a 1.020 grados centígrados en un horno alimentado con cáscaras de castaña. “Es la etapa del bizcochado. Después coloreamos la cerámica y se mete de nuevo al horno”.
Para un mejor acabado en el horno, las piezas grandes son acomodadas primero y luego las pequeñas. La cocción dura entre cuatro a ocho horas. La última etapa es el horneado o esmaltado. El proceso dura una semana y, según el tamaño, el producto puede costar desde cinco hasta 20 bolivianos en algunos casos.
Esteban comprará papa y maíz en Tarata, pero el próximo año volverá a ser el anfitrión en la feria de la cerámica en Huayculi.
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