Pasada momentáneamente la avalancha política del modo como la hemos visto y tratando de recuperarnos del desgaste que nos ha causado, se puede decir de manera inequívoca que en Bolivia ocurre todo y nada. También que somos buenos copiadores y destructores, en este caso de nuestra propia personalidad. Es la simbiosis antinatural y evidentemente alienante de la fiesta católica de Todos los Santos y Difuntos, como la solíamos llamar, y que ahora está siendo suplantada por el extraño y foráneo Halloween en La Paz, con gran alegría para algunos comerciantes.
¿Desde cuándo “Dulces o travesuras” (Trick or treat)? Creemos que no es posible repetir las hazañas de los druidas que pedían comida en un ambiente de brujas, duendes, hadas y adivinaciones festejando la fiesta del Samhai, a tal extremo que la Iglesia tuvo que instituir el 834 DC, con el papa Gregorio IV, el día de Todos los Santos como fiesta cristiana para combatirlo. Otras opiniones y tradiciones cuentan que el origen del Halloween esté posiblemente en Francia (S. XIV y XV). Sin embargo, lo más aproximado al tema parece orientarse en la persecución de los protestantes en Inglaterra contra los católicos (1500-1700). Los protestantes disfrazados visitaban a los católicos exigiendo cerveza y pasteles y cometiendo actos dignos de sociópatas, repitiendo “trick or treat”. Obviamente, las primeras en asimilar esas costumbres —por naturaleza— fueron las colonias americanas y, aun cuando después se mezclaron con otras tradiciones, sólo quedó en EEUU y fue desapareciendo en Europa. Y es así como se asemejaron a las fiestas de los druidas, en las que se invocaba a los muertos relacionados con grupos neopaganos y con celebraciones ocultistas y satánicas, quedando en la actualidad todas estas actividades y resabios en gringolandia, de donde buenamente se nos está trasmitiendo con alarde cultural (¿?).
Nuestra fiesta de Todos los Santos y Difuntos todavía recuerda a nuestros seres queridos que partieron, demostrándoles un auténtico sentir a través de la comida o bebida que más les gustaba. Ahora que está de moda alardear contra el imperialismo y todos los “ismos”, al margen de las consultas populares que nos quedan para enero y diciembre del 2009, podrían también ocuparse de reintentar, tal vez en medio de sus campañas proselitistas —que ojalá puedan cumplirse esta vez—, imponiendo, como lo están haciendo en muchos aspectos, nuestras tradiciones y, como parte de la cultura de la paz en Bolivia, regresar definitivamente a la celebración de Todos los Santos y Difuntos, devolviendo la noche de brujas del Halloween adonde corresponde. No vaya a ser que junto a la noche de brujas se incluyan los aterradores actos que suelen darse en EEUU, donde cientos mueren cada año en esta fecha debido a las “bromas inocentes”.
Quizá el lector se pregunte qué tiene que ver la cultura de la paz en todo esto. La paz no es ausencia de guerra y está compuesta también por otros elementos. En estos elementos están también los mecanismos de control del poder social para que éste sea un instrumento de conciliación y mediación, evitando conflictos en la comunidad social, resolviendo los conflictos que se presentaren y generando una mayor cohesión en la interculturalidad, creando nexos entre los distintos grupos sociales que forman parte de esa interculturalidad pero interculturalidad nuestra, con t’ant’a wawas y sin calabazas. Los disfraces ocultan ciertos miedos y los poderes siempre tienen miedo.
Es indudable que a partir de ese punto de vista, la pacificación social sea posible porque estamos equilibrando ese descontrol social eufórico de la noche de brujas: Estamos luchando contra esa alienación que no condice con la realidad que fuimos y que podemos aún ser. Que las calabazas que ocultan el miedo no sean costumbres nuestras jamás. Que sin necesidad de tomar una actitud beatífica, sea un momento de recuerdo a los seres que se nos adelantaron, pero con aquello que les gustaba comer y beber (cuando vivían) y no con calabazas que contengan ese miedo.
*M. Nelson Jordán W. es abogado.
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