Para que el alma retorne, la mesa requiere 5 elementos TRADICIÓN • La comida, la escalera, la caña, el tocoro y las velas son necesarios para guiar a los espíritus y librarlos de obstáculos en su viaje.
EN COCHABAMBA • En una feria, comerciantes exponen la variedad de dulces para adornar la mesa de Todos Santos.
El aroma del plato de ají de fideo que cocinará doña Jacinta Quispe, guiará el alma de su padre, René, para que éste llegue a casa a reunirse con los suyos, el 1 de noviembre, a las 12.00.
Ese era un manjar para don René cuando estaba vivo. Según la tradición y las personas consultadas por este medio, además de la comida, la mesa para Todos Santos debe tener otros cuatro elementos que ayudarán al alma del difunto a retornar a la tierra y visitar a sus seres queridos.
Doña Jacinta horneó pequeñas escaleras de pan, para que hagan más fácil el descenso de su ser querido desde el cielo. También le ayudarán a cruzar cerros o paredes altas. La caña de azúcar en las cuatro esquinas de la mesa serán para cubrir a su padre del sol y la lluvia; además del tocoro (flor de cebolla) que le servirá de bastón.
Mañana, al mediodía, Jacinta y su familia también encenderán dos velas para hacerle saber a don René que un hogar lo espera con los brazos abiertos. El domingo, el espíritu regresará a su morada eterna.
Escaleras, caballitos, t’ant’awawas y dulces son parte de la mesa que guía y recibe al espíritu
La comida La tradición reza que se debe colocar en la mesa los platos que, en vida, disfrutaban comer los seres queridos. Sin embargo, son típicos de esta fecha el ají de fideo, de arveja y de papalisa, por su aroma y lo picante de su sabor, elementos que se dice atraen a las almas al hogar.
La escalera Es un pan que tiene la forma de escalera para que las almas puedan bajar del cielo el 1 de noviembre, a las 12.00, y retornar a ese lugar al día siguiente. Otros aseguran que sirven para ayudar a los que murieron a pasar a través de cerros o paredes altas durante su viaje desde el más allá.
La caña de azúcar Debe ser colocada en las cuatro esquinas de la mesa. Tiene que formar una especie de casa sobre ella. Se cree que protegerán al alma del sol y la lluvia en su camino a casa y que le servirá de bastón. En La Paz, esta tradición tiene su origen en el sector de los Yungas.
El tocoro (cola de cebolla) Este elemento es colocado en los costados de la mesa. Según las creencias, representa también el bastón que el difunto requerirá en su trayecto. Se dice también que lleva agua en su interior para saciar la sed del viajero. Algunas personas afirman que sirve además para ahuyentar a los malos espíritus durante la fiesta de Todos Santos.
Las velas Se las enciende al mediodía del 1 de noviembre para recibir a las almas a su llegada. Desde cirios hasta velas más delgadas y pequeñas, sirven para alumbrar el camino del espíritu del difunto y le hacen saber que su familia lo espera.
Las bebidas Es común colocar en la mesa un vaso con agua, otro con leche si es niño, con agua bendita o con la bebida que más le gustaba a la persona en vida. La bebida más típica es la chicha morada, elaborada en base a maíz, azúcar y limón. También se acostumbra poner bebidas alcohólicas como la cerveza.
La fruta Se colocan las frutas que más les gustaban a las personas que murieron, aunque los cítricos (naranja, mandarina y otros), la piña y el plátano son los más demandados. De acuerdo con la tradición, al momento de recoger la mesa, el 2 de noviembre, la fruta debe ser entregada al mejor amigo del fallecido.
Los dulces Son para endulzar el camino de las almas. Principalmente se los coloca en la mesa para recibir a los espíritus de los niños. Cuando el dulce tiene forma de canasta es para que el alma pueda transportar lo que requiera. Si tienen forma de gallo es para que les despierte.
Los caballos y llamas Son panes elaborados con harina de trigo, por lo general, que tienen la forma de estos animales. Sirven para que ayuden al alma a cargar las ofrendas que le dieron los vivos en su estadía. Esos regalos le servirán durante su travesía de regreso a su morada. Se dice también que ambos llevan al espíritu a la ciudad del oro.
Las t’ant’awawas Representan a la persona que murió. T’an’ta en aymara es pan y wawa, niño. Su traducción es muñeco de pan. Tienen forma de personas y rostros de yeso. En el caso de los niños se suele colocar la cara de personajes con los que jugaban.
Las coronas o guirnaldas Para los adultos deben ser negras o moradas y para los niños están destinadas las blancas, rosadas o celestes. La corona es un obsequio para el alma. También representa las flores con las que las personas fueron enterradas. Están elaboradas, por lo general, con alambre, papel o plástico.
Las flores Son para alegrar el camino de las almas y para que no se sientan desoladas. Las retamas sirven para ahuyentar a los malos espíritus, pero también como vestido para las almas mayores. Las ilusiones (otro tipo de flor) son la ropa para los niños. La vara de San José sirve como vaso para tomar agua.
El mantel Es la cubierta de la mesa que puede ir en color negro, morado o blanco. Los dos primeros colores se utilizan para recibir el alma de una persona mayor. El blanco es para los niños. Da sombra al espíritu, pues en su camino tiene que pasar por lugares de fuego.