Pese a que muchos dirigentes políticos latinoamericanos alimentan el sueño de la total autosuficiencia económica, la realidad demuestra una fuerte integración de las economías de la región. Los vasos comunicantes transmiten, tanto la bonanza generada por el intercambio comercial como la crisis proveniente de la caída de los ingresos por concepto de exportaciones.
Todos los países tienen como preocupación central mantener los niveles de ese intercambio, pero la coyuntura actual está marcada por la caída de los precios y de los volúmenes exportados de minerales, petróleo y alimentos, en un claro indicio de que caerán los ingresos por las exportaciones de esas mercaderías.
Una de las principales fuentes del ingreso para Bolivia son las rentas que provienen de las exportaciones de gas. Éstas representan más del 90 por ciento de las exportaciones que envía Bolivia al Brasil. Su aumento en los últimos meses reflejó el incremento de los precios internacionales de la cesta de hidrocarburos que le sirve como referencia. Según las cifras del Gobierno brasileño, las exportaciones mensuales bolivianas representaban en febrero del 2007 un monto de 102 millones de dólares, pero ese valor se incrementó progresivamente hasta alcanzar 262 millones de dólares en septiembre del 2008. Naturalmente esos valores experimentarán una caída cuando se ajusten nuevamente a los precios en base a la cesta de referencia.
De cualquier manera, en la comparación del 2007 y el 2008 se verifica ya un significativo aumento de los ingresos bolivianos por exportaciones a Brasil. Si en los 12 meses del 2007 representaron 1.601 millones de dólares, en el 2008, solamente hasta septiembre, el valor ya ha sido superado alcanzando los 2.041 millones de dólares.
Es razonable prever una reducción de los ingresos bolivianos por concepto de exportaciones. La caída de los ingresos es un problema que afecta a todo el mundo. Esa situación sugiere también la necesidad de ajustes fiscales que plantean como medida urgente la reducción de los gastos públicos, algo que evidentemente tiene un costo político, pero que se aplica tanto a Argentina como Brasil, así como para Venezuela y Bolivia. Hablar de blindaje frente a la crisis en vez de enfrentar los desafíos del momento es pura demagogia irresponsable.
La muerte, los muertos
Me gusta visitar los cementerios, aunque no tanto en el Día de los Difuntos, cuando el alboroto de los vivos perturba la paz de los muertos.
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Todo el mundo en Bolivia acabó rechazando u odiando la democracia pactada, la democracia de coaliciones que hizo posible la estabilidad por más de veinte anos, justo en un país que estaba marcado por la inestabilidad.
El agotamiento de los discordes
La “Constitución corregida” es en realidad un desdibujo hecho a empellones y sangre, a más de apuros y sinsabores.
¿Por qué tanta queja?
No hay nada qué hacer con el señor Presidente. Le gusta quejarse al lugar que viaja de su pobreza y de nuestra miserable Bolivia. A la gente le saltan lágrimas cuando S.E. cuenta cómo llegó a la presidencia, cómo sufrió, cuánta tortura, cuánta cárcel