La gente pobre aprovecha estos días para obtener más alimentos Todos santos • Las personas despiden el alma de sus seres queridos el domingo. Visitantes de las provincias ofrecen sus plegarias a cambio de pan y fruta en cementerios de La Paz y El Alto.
EN EL ALTO • Una mujer comparte con otra un vaso de arroz con leche en el cementerio Tarapacá de la urbe; fue ayer.
“Dómine, Deus Omnipotens et inmortale respicere et conjugare dignare anima hujus párvuli”, repite don Mario frente a uno de los nichos del Cementerio General, en la ciudad de La Paz.
Puede que no conozca el significado de sus palabras, pues las aprendió en un libro que compró a Bs 1 en la calle, pero lo que Mario sí sabe es que a cambio de esos rezos recibirá pan y fruta.
Como él, otras personas de bajos recursos económicos salen de sus casas, en el área rural, para abastecerse de alimentos durante la fiesta de Todos Santos.
“He llegado esta mañana (ayer) de la provincia Los Andes. Vengo porque es una costumbre de mis papás y por falta de recursos económicos”, cuenta Mario.
Emiliano, quien viajó junto a Mario, señala: “Venimos para mantener a nuestras familias, no hay plata”. Ambos se dedican, en su lugar de origen, a la agricultura y al pastoreo de ovejas y otros animales. “Ahora no está lloviendo, hay sequía”, lamenta Mario.
Según él, la cantidad de comida que logren recolectar con sus oraciones depende de la voluntad de quienes visitan a sus seres queridos en el camposanto.
“Hay gente que nos da un pancito por tres oraciones”, relata Emiliano quien llevará las masitas y la fruta que le den para su esposa y sus 10 hijos.
Mario y Emiliano se alojarán en casa de unos parientes durante su estadía en La Paz y el fin de semana se quedarán en el panteón hasta entrada la noche.
Francisco Mamani, quien llegó el jueves desde el municipio de Puerto Acosta, en la provincia Camacho, dice que las plegarias varían según la persona que falleció. Cree que este año no recolectará tanto pan como el ante- rior porque “dice que está caro”.
Doña Rosa Espinoza, por su parte, pasó el día de ayer en un horno de la zona de Villa Victoria preparando con dos arrobas de harina el pan que ofrecerá al alma de su hijo, Juan Rodolfo. El domingo llevará esas masitas junto a piñas, naranjas y otros al cementerio. Tal vez, estos alimentos terminen luego en las bolsas de Mario, Emiliano o Francisco.