Enrollarse una serpiente alrededor del cuerpo o dopar a pequeños monos para que no alerten con su alboroto son algunos de las increíbles formas que tienen los traficantes de animales para intentar sacar de Perú a las especies protegidas.
El trafico ilegal de flora y fauna en el aeropuerto internacional de Lima es un problema menos visible que el de estupefacientes, pero existe una división —el Instituto Nacional de Recursos Naturales— encargado de combatirlo.
Sólo a lo largo de este año, los representantes de este organismo estatal se han incautado de unas 400 especies vivas y miles de ejemplares disecados, según declaró a EFE Betty Álvarez, administradora técnica forestal.
Entre las incautaciones en el aeropuerto estuvieron, este mes, unas 2.000 mariposas disecadas.
En esta caja de sorpresas aparecen también especímenes vivos como los escarabajos con tenazas y con cuernos, que son solicitados desde Brasil o países asiáticos como Japón, Corea, China y Taiwán. En la larga lista son recurrentes los pequeños monos, ranas, armadillos y hasta víboras y serpientes. Los traficantes, en muchos casos, los dopan para ocultarlos en sitios impensados, entre los que figuran los sobacos.
Pero uno de los casos más sorprendentes ha sido el de una boa enrollada como una soga bajo la chamarra de una persona que, al ser descubierta, declaró que “era su mascota”. Lima, EFE