Una vivienda antigua aleja a los que quieren terminar de derruir La casa está en el interior del “Garaje La Paz” de la Av. 20 de Octubre, los vecinos cuentan que los albañiles que pretendieron darle fin murieron e inclusive un tractor dejó de funcionar cuando se aprestaba a demoler.
VERDADERO MONUMENTO • El “Garaje La Paz” tiene abierta sus puertas los 365 días del año; para los serenos, la vivienda es celosa, cuida a los autos cuyos dueños deciden dejarla.
Dos serenos no paran de recibir y entregar llaves de autos que ingresan y salen; sus dueños, empresarios, funcionarios públicos, vecinos y otros. Es el “Garaje La Paz”, ubicado en la Av. 20 de Octubre, entre las calles Aspiazu y Guachalla de la zona de Sopocachi. El garaje está descuidado, en medio de grandes edificaciones. Sus puertas de calamina parecen colocadas en forma temporal, el piso es de tierra y con piedritas. A la derecha, una vivienda antigua se resiste a ser demolida desde el siglo pasado.
Algunos vecinos sostienen que diversas historias coincidieron en que los dueños —Familia Vivados— del garaje no terminen de derruirla para levantar una nueva edificación o para ampliar el espacio para el parqueo de mayor número de motorizados.
Las versiones señalan que en una ocasión un albañil murió cuando intentó quitar el techo y el tractor, que pretendía desplomar la pared de 70 centímetros de ancho, dejó de funcionar. Otros dos obreros fallecieron también cuando comenzaban a picotear la pared de adobe.
Una vecina relató que la vivienda a medio demoler habría quedado así, después de que unos hermanos que se querían mucho murieron por jugar a los muertos. Un día, el hermano mayor se echó pintura de color roja en una parte del cuerpo, se tendió en el piso y a un costado colocó un arma de fuego. Poco después, la hermana no soportó verlo supuestamente sin vida, agarró el arma y se disparó en la sien; de inmediato, el hermano, que estaba jugando, abrió los ojos cuando de verdad su hermana yacía en el piso muerta, hizo lo mismo, un tiro en la sien. Casi en forma coincidente, otro vecino relató que en el pasado, según cuentan sus padres, una joven se habría quitado la vida en el lugar.
Parte de la vivienda sin derruir quedó convertida hoy en un palomar. La puerta hacia la calle está tapada con adobes y barro. A su alrededor hay una oficina, construida de cartón y madera, para la administración del garaje y un baño; ambos inmuebles guardan una distancia de centímetros de la vetusta casa.
El administrador del garaje, Teófilo Méndez, descartó todas las historias que hicieron que sea conocida como la “casa encantada o embrujada” , pues en más de 20 años que trabaja ahí escuchó otras historias más, tan falsas como las que relataron los vecinos.
Aunque, dijo, “algo de eso ha debido haber”, pero difícil de creer en estos tiempos. Sin embargo, admitió que no se terminó de demolerla ni hacer mejoras en el garaje de 1.000 m2, desde hace dos décadas o un poco menos; es más en el interior de la vivienda hay muebles y otros objetos antiguos encerrados que los dueños no quieren tocarlos. Reveló que habría la autorización edil para demoler lo que queda, pero no hay cuando se efectivice.
Uno de los serenos afirmó que duerme con tranquilidad en las noches, pero no sabe por qué no se termina de derruir la vivienda vetusta, pues de concluirse habría mayor espacio para 7 u 8 vehículos más a los 80 que ingresan actualmente al garaje.
“Una noche alguien jaló mis pies y al poco rato se movió o avanzó sobre mis piernas en forma de zig zag; esa noche amanecí con radio (...)”. Inquilino de la vivienda.
TESTIMONIO
“Algo se movió sobre mis piernas en zig zag” EL INQUILINO vivía en la casa a medio derruir, la abandonó porque lo tocaron.
“Una noche alguien jaló mis pies y al poco rato algo se movió o avanzó sobre mis piernas en forma de zig zag; esa noche amanecí con radio y televisión; al día siguiente salí con toda mi familia a lo que hoy es la oficina de administración del garaje”, dijo un inquilino que vivió hace más de 20 años con su esposa e hijos porque el dueño le había invitado a hacer uso de la misma, cuando el lugar no era un estacionamiento de vehículos.
Después supo que los albañiles que querían terminar de demoler murieron electrocutados y por eso “los dueños prefirieron dejarlo así”. “Alguien dijo que dentro de la vivienda debe haber oro, aunque siempre escuché que la casa está embrujada”, manifestó el inquilino que reconoció que nunca le pasó tampoco nada a sus hijos. Él en coincidencia con otros serenos afirmó que el parqueo es visitado por investigadores que recogen diversas historias y toman fotografías. “No dejan de preguntar ¿qué es lo que se guarda en la vivienda”, remarcó.