La responsabilidad de la vida sexual recae en ellas GÉNERO • Son las adolescentes y las jóvenes quienes cargan con las consecuencias de una relación sin protección. La sociedad las condena.
Condicionadas por la familia, los amigos y la pareja, las adolescentes y mujeres jóvenes cargan con toda la responsabilidad de la vida sexual, lo que impacta negativamente en la prevención de embarazos y enfermedades derivadas de la actividad sexual.
“Es la mujer la que tiene que negociar si el hombre utiliza o no el condón. Es la mujer quien tiene que soportar las presiones para conservar su virginidad. Es la mujer la que recibe las presiones de su pareja. Y, finalmente, es sólo la mujer la que lleva el embarazo”, explica la coordinadora del proyecto de Adolescentes del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Bolivia.
Del mismo modo, Claudia Arroyo, coordinadora del Colectivo Juvenil Decide, sostiene que las presiones que la mujer reciben le impiden pensar en su salud y en su integridad.
“El padre le exige que no tenga relaciones (sexuales). Ella teme que si no cede, su pareja la vaya a dejar. También está la reacción de las amigas, que se burlan de ella si sigue siendo virgen, mientras que sabe que si alguien fuera de su grupo se entera (que lo hizo), la llamarán ‘puta’. Para colmo, le gustan las sensaciones de su cuerpo... pensando en todo esto, protegerse es lo último que pasa por su cabeza”, dice.
López agrega que en lo que respecta a la prevención y la anticoncepción, la mujer no suele tener el derecho de controlar la relación sexual con su pareja.
“Ella tiene que negociar con el varón si es que éste va a usar el condón como método anticonceptivo. No puede exigir, tiene que convencer a su pareja para que se protejan”, comenta.
Además, la mujer adolescente que toma control de su vida sexual es víctima de estereotipos, que afectan su interacción con la sociedad en general.
“Si se ve a una chica entre 15 y 19 años preguntando sobre educación sexual, sobre métodos anticonceptivos, la opinión pública se torna contra ella, asegurando que la chica es mujer ligera de cascos”, opina Arroyo.
Otro riesgo al que están expuestas las adolescentes, es la violencia sexual. De hecho, López explica que en la mayoría de los casos en los que las muchachas perdieron la virginidad antes de cumplir los 14 años de edad, se debió a que “fueron víctimas de violaciones”.
Según la investigadora, estos casos son comunes en el área rural, en zonas donde la Policía tiene poca presencia y la justicia llega mucho más tarde.
El campo es donde mayor posibilidades hay de tener más hijos y más pronto. “La mujer tiene que continuar con la familia. Ése es su proyecto de vida en el área rural”, argumenta López.
Este pensamiento cambia cuando la mujer emigra a las ciudades. Allí, si bien tienen a sus hijos a temprana edad, descubren más posibilidades, por lo que prefieren que sus hijas no se embaracen hasta después de seguir una carrera laboral.
Se inician antes en el campo
Debido a los niveles bajos de educación y a la falta de acceso a los servicios de salud, las mujeres del campo tienen mayor posibilidad de embarazarse y tener mayor número de hijos a temprana edad.
Según el UNFPA, la tasa de fecundidad en el área rural es superior de la que se registra en las ciudades. Una mujer del campo tiene 5,9 hijos en promedio, mientras que una de la ciudad procrea 3,8.
Asimismo, el 7% de las adolescentes en ese rango de edad ha tenido relaciones sexuales antes de los 15 años de edad en el área rural, dato que se reduce a 1%.
La coordinadora del proyecto de Adolescentes del UNFPA, Miriam López, indica además que los casos de agresión sexual son más comunes en el campo.
A ello se añade que “en el área rural se incentiva a las mujeres a continuar con la familia desde muy jóvenes”. Este comportamiento continúa en la ciudad cuando migra, pero estas mismas mujeres buscan que sus hijas estudien antes de darles nietos.
“Lo hicimos sin protección”
Pablo Padre adolescente, 18 años.
La responsable del Proyecto Embarazo Adolescente del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Andrea Rojas Camargo, realizó una treintena de entrevistas a padres y madres adolescentes, quienes compartieron sus experiencias, como el caso de Pablo (nombre ficticio), quien a sus 18 años debe asumir la responsabilidad de mantener a su pareja y a un niño en camino.
“Sí, hemos planificado tener relaciones, pero ese rato lo hicimos sin protección y ella quedó embarazada”, dijo Pablo.
Por lo sucedido “he tenido que ir a buscar trabajo. Más bien que mis papás me están ayudando. Siento que tengo una carga y no es por el bebé, es por las cosas que me puedan pasar en un futuro, que no tenga para darles de comer”.
También confesó que sus amigos “me dicen: ‘Eres un sonso por hacer estas cosas’ o ‘te has arruinado la vida’. Pero más que ser sonso ahora pienso en el futuro de mi hijo”.
“No sabía que me podía pasar”
Sandra Madre adolescente, soltera.
Sandra fue madre hace sólo cuatro meses. La noticia del embarazo la dejó “asustada”. Ella dice: “No sabía qué hacer porque no creía que iba a embarazarme, no sabía que me iba a pasar a mí”.
Pero la preocupación se manifestaba también en el ámbito familiar. “Tenía miedo de que se enteraran mis papás. Al principio no sabía si me iban a pegar. Pero cuando los demás se enteraron (la reacción) no ha sido tan fuerte”, relata.
Por miedo a la reacción de su familia, al saberse embarazada, huyó de su hogar y por un tiempo vivió con los padres de su pareja. El suyo estaba furioso con el muchacho.
Ella nunca se informó acerca de métodos anticonceptivos, conocimiento que recién adquirió. “Conozco inyecciones, pastillas y condones. Me han hablado”. Para Sandra, la maternidad fue un golpe muy duro, ya que “me faltan cosas. Ya no puedo salir, todo el rato tengo que cuidar a mi bebé”.