La falta de una política adecuada sobre educación sexual, tanto para el que la imparte como para el que la recibe, impide que se reduzca la tasa de fecundidad y la incidencia de embarazos en mujeres adolescentes en Bolivia.
Además, de la ausencia curricular de educación sexual en los colegios, los operadores encargados de orientar sobre la salud sexual y reproductiva en centros de salud no cumplen adecuadamente con su deber. Asimismo, proveedores de anticonceptivos ofrecen una atención hostil a los menores de edad cuando requieren uno de estos productos.
Para la investigadora Miriam López, la educación sexual que se ofrece en el país tiene dos defectos: está pensada para personas que no han iniciado su vida sexual y, por otro lado, se limita a informar del acto coital.
“La gente se olvida de que la sexualidad no se refiere sólo a la copulación. Es un fenómeno muy importante en la vida de todas las personas y va más allá del acto. Se tiene que tomar en cuenta al embarazo, las enfermedades de transmisión sexual, la relación afectiva y la interacción con el resto de la sociedad”, explica.
Su colega Claudia Arroyo considera que la atención hostil que prestan los operadores de servicios de educación y los proveedores de fármacos reduce el acceso a preservativos.
“Cuando un menor de entre 15 y 19 años acude a una farmacia a comprar un condón o a un centro de salud a pedir atención, los operadores asumen una actitud paternal y de censura. El caso se convierte en un chisme, por lo que el adolescente prefiere evitar la vergüenza. Si eso pasa en el caso del varón, imagínese cuán difícil será para la mujer”, analiza la trabajadora social.
Esto tiene como consecuencia que los menores de edad acudan por información y consejos primero a los amigos y si este círculo social no satisface las necesidades, piden la ayuda de la familia. “Sólo cuando la situación es muy grave, embarazos o enfermedades avanzadas, se animan a recurrir a los servicios de salud respectivos”, dice Arroyo.
Daisy Flores, investigadora del Centro de Investigación, Educación y Servicios (CIES), indica que por este motivo se mantiene la creencia, principalmente de los varones, de que “si lo hago sin protección una vez, no pasará nada” o “a mí no me va a pasar”.