Los vivos alegran a los difuntos TRADICIÓN • Con mesas, música y llanto se esperó ayer a los espíritus. Éstos se hacen sentir, cuentan los dolientes, con soplidos, golpes y sueños.
Los espíritus a su llegada el 1 de noviembre se manifiestan de muchas maneras: algunos con inesperados golpes a la puerta, soplos de viento o hasta en forma de mosquitos que se posan en las mesas y las cabezas de los dolientes, o incluso sueños que anuncian su visita, así lo relataron los creyentes que ayer asistieron al Cementerio General.
“Es verdad que los ajayus (espíritus) se manifiestan en su llegada, y lo hacen de diferentes formas. A mí me pasó cuando armé una mesa hace dos años y se escucharon golpes en la puerta, como anunciando los espíritus su llegada”, afirma el antropólogo David Mendoza.
Miles de personas se dieron cita ayer en el Cementerio General para visitar a sus seres queridos. “Mi nietito de seis meses murió este año; no le hicimos una mesa porque preferimos venir al cementerio a rezarle y pedir por él, además siempre sentimos su presencia en la casa”, cuenta Filomena Tunque.
María Rosales, otra de las visitantes del cementerio, contó que el año pasado, cuando ella rezaba al frente de la mesa que armó para su madre, la puerta se abrió con fuerza. “Creo que era mi mamita que estaba entrando”.
“Estas manifestaciones dependen de la creencia que tenga la persona, algunos incluso dicen soñarse con su ser querido como un anuncio de su llegada”, afirma el antropólogo.
“Esta mesa la armamos en familia para mi madre, que murió hace un año”, relata, por su lado, Bernardo Aguilera, vecino de la calle Munaypata, aledaña a la plaza Garita de Lima.
En puertas de la administración del camposanto, la Alcaldía también armó una mesa para dar la bienvenida a los ajayus. “Es para hacer un tributo al creador y a la Pachamama, pero sobre todo a la memoria de quienes siempre estarán con nosotros”, dijo el alcalde La Paz, Juan del Granado, durante su presentación.
Luego del acto se regalaron los panes y las golosinas dispuestos en la mesa y se presentaron grupos que interpretaron música autóctona con pinquillos y tarqueadas. “La música es una forma de evocar a nuestros difuntos porque ella siempre está presente en nuestras tradiciones y estos días no son para llorar, sino para bailar y alegrarse”, finalizó David Mendoza.